Recordando la historia, un día como hoy el Estado del Bienestar empezó a gestarse

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Imagen de William Beveridge, uno de los impulsores del Estado del Bienestar.

Sinopsis. Tal día como hoy, un 26 de noviembre, fue presentado ante el Parlamento británico el Informe Beveridge. Un documento que señalaba la pertinencia de la creación de un sistema de protección social desde la cuna a la tumba, para garantizar la protección de cualquier individuo ante una posible situación de exclusión social y daba una explicación detallada de los recursos necesarios y de donde obtenerlos para que fuera posible. Esa propuesta, supuso la antesala de la creación del Estado del Bienestar tal y como está configurado en muchos países europeos la cuál en su día supuso un avance para la humanidad, y que ahora se está acelerando en su desmantelación.

Bajo la permanente amenaza de los bombardeos de la aviación nazi sobre la población civil, el 10 de junio de 1941, Arthur Greenwood, ministro laborista británico encargado de liderar el proceso de reconstrucción bélica, solicitó a Sir William Henry Beveridge el desarrollo de la labor de coordinación de la comisión interdepartamental creada a efectos de revisar los programas de protección social y orquestar una propuesta conducente a su unificación. Su carácter de reputado estudioso de los fenómenos de exclusión social y su repercusión sobre el desempleo, avalado por el desempeño de su puesto de director durante dieciocho años de la London School of Economics y el ejercicio de su labor de profesor de la Universidad de Oxford, pronto se reflejó en los resultados preliminares del trabajo de la comisión, que estaba compuesta, además de por Beveridge, por John Maynard Keynes, Lionel Robbins y George Epps.

Beveridge abogaba —sustentándose en las propuestas de intervención pública en la actividad económica y de consecución del pleno empleo recogidas en la «Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero» de Keynes— por el diseño de un programa de protección social universal desde la «cuna a la tumba», capaz de garantizar un nivel de ingreso mínimo y «honroso» para aquéllos que, de manera sobrevenida, se encontraran en situaciones de precariedad por enfermedad, desempleo, incapacidad u otras contingencias de naturaleza similar y o alcanzasen la edad de retiro. De este modo, se lograría ayudar a las personas más necesitadas y mitigar potenciales episodios de pobreza a los que se podía enfrentar el ser humano, motivados, según Beveridge, por la indigencia, la enfermedad, la ignorancia y el abandono. Con estas mimbres, el 26 de noviembre de 1942, Beveridge presentaba en el Parlamento británico el informe Social Insurance and Allied Services —también conocido como Informe Beveridge— como «una revolución que constituye un compromiso inequívoco con la justicia social».

En el documento, se proponía la aplicación de un plan de actuación sustentado en: 1) el establecimiento de un sistema de seguridad social unitario de cobertura universal, financiado a través de las contribuciones del Estado, los empleados y los empleadores; 2) la creación de un servicio nacional de salud—atención médica gratuita con cobertura universal— y de un sistema de asistencia nacional —para completar el subsidio de la seguridad social cuando éste fuera insuficiente— orientados a alcanzar el nivel de subsistencia deseado, adoptando el objetivo del pleno empleo como política de Estado; 3) la extensión de los beneficios sociales a los campos de la educación, la vivienda, la atención especializada a niños y otros servicios sociales de carácter asistencial.

A pesar de la resistencia mostrada por los grupos más conservadores y más proclives al más puro “laissez faire”, argumentando que constituía el inicio del camino hacia la «ruina moral» —Winston Churchill comparaba los planteamientos expuestos con un cuento de hadas— la propuesta fue recibida con inusitado entusiasmo por el pueblo inglés, crecientemente asediado por los efectos devastadores de la guerra. Los planteamientos propuestos pronto traspasaron fronteras, dejando su impronta en el diseño de los sistemas públicos de previsión social del resto de países europeos y en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1946, así como en la concreción de las normas mínimas de seguridad social estipuladas por la Organización Internacional del Trabajo en 1952. Mediante esta justificación y aceptación de la intervención pública en el ámbito redistributivo, por la que se modificaban ciertas reglas de funcionamiento del mercado, se asentaban las bases del Estado de Bienestar que hoy conocemos.

Hoy es un buen día para recordar el surgimiento del Estado del Bienestar no sólo por el hecho de que sea la efeméride. Si no por que el que fuera un gran avance en su época (y lo sigue siendo a día de hoy) en la actual está sufriendo un periodo de aceleración de su desmantelamiento que en España comenzó el 12 de mayo de 2010, cuando el Gobierno de Zapatero decretó en su día el mayor recorte de gasto social de la historia y el cual ha tenido su continuidad con el Ejecutivo actual de Rajoy. Todo ello en un plan de recorte del gasto público en Europa que se está traduciendo en una merma en muchos países de las prestaciones sociales. En su día, quienes propusieron la creación del Estado del Bienestar fueron tachados de utópicos. Sin embargo, con la presentación de un programa convincente, respaldado por documentos técnicos sólidos persuadieron a la población de que la ficción podría ser realidad y cuando sus ideas se quisieron implementar, ésta fue posible.

Hoy en día en Europa hay formaciones como Syriza y Podemos, que buscan sostener el Estado del Bienestar y en algunas facetas ampliarlo, cuyas propuestas económicas también son tachadas de irreales, pero a diferencia de la obra intelectual que fue el Informe Beveridge hay enormes lagunas sobre como van a obtener los recursos para poder llevarlas a cabo (el caso de la renta básica universal, que luego ha evolucionado hasta algo similar a algo intermedio entre una renta de inserción o un ingreso mínimo de subsistencia) y hay aún más interrogantes respecto al análisis coste-beneficio que traerían otras de ellas (como por ejemplo el impago de parte de la deuda pública que se considere ilegítima tras someter ésta a una auditoría ciudadana) ¿Cómo implementar ese repudio? ¿De forma unilateral? ¿En el marco de un plan conjunto de varias reestructuraciones de deuda de países europeos? ¿Qué pactos se estaría dispuesto a llegar con los acreedores para minimizar el periodo de ostracismo en los mercados de financiación que se deriva tras un ‘default’, tal y como señala la evidencia empírica?

Al margen de todo esto, también hay que señalar que la filosofía que subyace al Estado del Bienestar es la solidaridad (cuanto más lejos o menos pretendamos llevar como sociedad nuestra solidaridad mayor o menor será el Estado del Bienestar con el que queramos dotarnos y serán necesarios mayores o menores recursos para asegurar su funcionamiento) y dado que la solidaridad es un bien público, su provisión no se puede dejar al albur del libre mercado. Ya que la ley de la oferta y la demanda es extremadamente ineficiente a la hora de asignar los bienes públicos (especialmente por el problema del free-rider que dificulta enormemente la provisión de los recursos necesarios) cosa que cualquier economista cuyos juicios de valor se asienten en la evidencia empírica reconocerá (tal es el caso del para nada intervencionista James M. Buchanan, en su libro “Los límites de la libertad. Entre la Anarquía y el Leviatán” en especial en el capítulo 3 donde habla de los bienes públicos). Así, además de los argumentos éticos e ideológicos para defender la no desmantelación del Estado del Bienestar (a diferencia de los que defienden ciertas escuelas económicas con postulados ultraliberales, que son cacareados por medios de comunicación, pero cuyo rigor científico es prácticamente inexistente) podemos añadir argumentos económicos, de por qué un Estado del Bienestar fue y es un gran avance para la humanidad y para la sociedad.

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FiLCHeRS, los “rateros del conocimiento”

Sinopsis. ¿Cuáles son las reglas básicas que debe cumplir un razonamiento o hipótesis para que pueda resultar válido? En los años 90 el filósofo y antropólogo James Lett desarrollo el acrónimo FiLCHeRS (rateros) como una guía básica para detectar las afirmaciones pseudocientíficas, en vista que desde los organismos públicos y desde los medios de comunicación no se invitaba precisamente a desarrollar un pensamiento crítico que protegiera a la población de creencias irracionales. Analizamos aquí la guía que propuso.

Allá por los años 90 el antropólogo y filósofo James Lett alertaba de la creciente tendencia de la población a creer en fenómenos paranormales y en disciplinas cuyos postulados y formas de obtener el conocimiento son, cuanto menos, cuestionables (pseudociencias). Lett señalaba en un artículo de las causas de por qué estaba pasando esto las cuales se resumen en: La irresponsabilidad de los medios de comunicación que explotan las creencias irracionales de la gente (los periódicos que ponen el horóscopo, o los programas de televisión donde se ponen programas de adivinación). La ineficacia de la educación pública y privada que enseña a los alumnos conocimientos pero no a desarrollar un pensamiento crítico que les permita discernir cuando se les está vendiendo argumentos veraces y cuando no. Y finalmente, la dejación de la comunidad científica que considera que su labor sólo consiste en la investigación y los descubrimientos y no en combatir las creencias falaces y las pseudociencias imperantes, quedándose así el saber científico en su torre de marfil, mientras que las creencias irracionales se promocionan viralmente entre la población.

Dejando al margen lo visionario que pudo ser James Lett hace ya más de 20 años, el antropólogo en ese artículo propuso seis reglas imprescindibles a tener en cuenta para comprobar si un razonamiento que se nos presente tiene un adecuado soporte científico. Estas seis reglas son: Falsabilidad, Lógica, Completitud, Honradez, Reproducibilidad y Suficiencia. Todas ellas en inglés forman el acrónimo  FiLCHeRS que significa ratero, ladronzuelo o mangante en clara alusión a que si alguien presenta argumentos que carezcan de alguna de estas pautas será una especie de “ratero del conocimiento”. Analicémoslas una a una.

Falsabilidad. Esta es la más paradójica de las seis reglas, ya que básicamente lo que viene a decir es que para que un argumento pueda ser cierto es imprescindible que se pueda demostrar su posible falsedad. ¿Por qué? Pues porque como señaló el filósofo Karl Popper en su obra La lógica de la investigación científica esto supone una garantía de que si la hipótesis/razonamiento/argumento es falaz, la evidencia empírica mostrará que es falso. En cambio, si el argumento es certero no habrá forma que al contrastarlo con la realidad este pueda ser refutado. De esta forma, cuando oigamos un razonamiento una de las preguntas que nos debemos hacer: ¿Podría encontrar alguna forma de comprobar si esto que me han dicho es falso? Así por ejemplo si alguien te dice el agua se congela a 0ºC, podemos fácilmente imaginar una forma de falsarlo. Cogemos un vaso de agua y un termómetro, enfriamos el vaso de agua hasta que se congele y justo en el momento en que se congele medimos su temperatura, si nos sale que esta es distinta a 0ºC entonces habremos probado la falsedad de esa hipótesis al comprobarla con la realidad. En cambio, si alguien te dice tienes esta enfermedad porque tienes tu energía espiritual desequilibrada y hasta que no la equilibres no te curarás. ¿Cómo puedes falsar eso? ¿Qué es la energía espiritual? ¿Cómo se equilibra? Ante eso, las señales de alarma de que te estés encontrando ante un FiLCHeR, empiezan a sonar.

Lógica. Esta regla se incluye ya que la lógica por sí sola no ayuda a pensar rectamente, pero si sirve para evitar pensar de forma torcida al detectar y tratar de evitar las falacias en un argumento (aquí hemos puesto algunos ejemplos de falacias lógicas en la serie detector de gilipolleces). Que un argumento tenga una estructura lógica correcta es fundamental, si no, no servirá para nada. El motivo es que si no sigue las reglas de la lógica el argumento no será válido ya que la conclusión no se seguirá de las premisas. Premisas que por otro lado deberán de ser todas verdaderas sino estaremos cayendo en un silogismo y el argumento no será sólido (“Todos los perros tienen pulgas. Este animal es un perro. Por lo tanto, este animal tiene pulgas. Puede que sea cierto o no que tenga pulgas en cualquier caso el argumento es falaz desde la lógica ya que su primera premisa –Todos los perros tienen pulgas- es falsa). ¿Una manera útil de saber si un argumento cumple las reglas de la lógica? Comprobar si puede resistir una “reducción al absurdo”. El método de reducción al absurdo consiste en partir de un argumento o enunciado, luego mostrar que conduce a una contradicción. Esto implica que el argumento o enunciado es falso. Pongamos un ejemplo. Un sacerdote del credo cristiano católico podrá aducir que las uniones de personas del mismo sexo nunca podrían llamarse matrimonio, ya que el fin del matrimonio es engendrar hijos y dos personas del mismo sexo nunca lo podrían hacer de forma natural. Pero en ese caso, las parejas de ancianos o en donde alguien es estéril tampoco deberían tener acceso al matrimonio. Si el sacerdote que se opone al matrimonio homosexual por el motivo anteriormente expuesto no se opone también a los matrimonios estériles, quiere decir que su postura es inconsistente y por lo tanto está mintiendo sobre su motivación.

Completitud. La prueba ofrecida en apoyo de una afirmación debe ser exhaustiva, esto es, todas las pruebas disponibles deben ser consideradas. La razón es bastante obvia, no es razonable sólo tener en cuenta la evidencia empírica que avala la teoría que defendamos y no tener en cuenta las pruebas que contradicen nuestros postulados. Es por este motivo, por lo que cuando un investigador realiza un descubrimiento este es sometido a una revisión por pares en la ciencia (por pares entendemos a personas que son tan duchas como el investigador en la materia en la que trabaja) para comprobar si en la elaboración de su trabajo ha hecho una selección sesgada de sus datos y pruebas y en ese caso proponerle correcciones y señalarle los fallos. Un ejemplo los defensores de la teoría del biorritmo señalan los accidentes aéreos que se dan cuando el piloto y el copiloto y los pasajeros del avión están pasando por periodos críticamente bajos en sus ciclos intelectuales, emocionales y físicos. Sin embargo, se les olvida señalar que el número de accidentes aéreos es mayor cuando se da el caso contrario, que la tripulación del avión está pasando por los puntos altos o neutrales de sus ciclos biorrítmicos.

Honestidad. Este regla se deriva de la anterior, por honestidad se entiende a que quien sostenga una hipótesis o argumento una vez haya seleccionado todas las pruebas y todos los datos relevantes para verificarla deberá asimilar el resultado sea el que sea. No vale el auto-engaño y si los datos me dicen lo contrario de lo que esperaba habrá que reconocer que la hipótesis no es cierta. Lo que no es asumible y es fraudulento es que el postulante quite los datos que no le convengan para así terminar encajando la evidencia empírica con la hipótesis. Dado que esta práctica es muy posible que suceda una vez más -tal y como sucede con la completitud- el trabajo deberá de ser sometido a una revisión por pares para comprobar como se ha desarrollado el trabajo. Un ejemplo de esto se vio en el famoso Excel de los economistas Rogoff y Reinhart. En el que sobrevaloraban los efectos que un elevado nivel de deuda pública tenia sobre el crecimiento económico. Un grupo de estudiantes de economía de la Universidad de Massachusets solicitaron sus datos para replicar el estudio y descubrieron que las conclusiones de este no eran ciertas, porque algunos ejemplos de países con elevados niveles de deuda pública en varios periodos experimentaron tasas de crecimiento bastante aceptables (el caso de Bélgica) habían sido descartados.

Reproducibilidad. Si el argumento que defendemos ha sido demostrado en un experimento. Este experimento debe ser fácilmente reproducible. Es decir, que sea relativamente sencillo repetir el experimento y comprobar que la hipótesis sale sucesivamente verificada en cada una de las repeticiones. Con esto tenemos una garantía añadida ante un posible fraude, error o un resultado experimental que dio una vez un resultado por pura coincidencia y que cuando se hace más veces ese resultado estadísticamente no es significativo. La existencia de la fuerza de la gravedad es fácilmente replicable en experimentos de laboratorio, cualquier estudiante de secundaria que haga técnicas experimentales la ha podido comprobar.

Suficiencia. La última de las seis reglas, pero no por ello la menos importante. Las pruebas ofrecidas en respaldo de una afirmación deben cumplir con tres criterios adicionales: La carga de la prueba le corresponde a quien afirma algo, esto no es baladí ya que cuando muchas veces se le pide a alguien que muestre las pruebas en las que se basa para decir algo replica tratando de eludir la carga de la prueba indicando al contrario que no tiene pruebas para demostrar que lo que dice es falso. Pero como bien se sabe -la prueba de ausencia no es ausencia de prueba- es el que afirma y no el que escucha quien debe de aportar las pruebas. Afirmaciones extraordinarias exigen pruebas extraordinarias, porque no se puede probar una abducción, por ejemplo, por haber faltado al trabajo; se necesitan pruebas más concluyentes. Las pruebas basadas en la autoridad o en el testimonio son inadecuadas para las afirmaciones que pretenden romper con leyes básicas de la ciencia como es el caso de la memoria del agua que vulnera la segunda ley de la termodinámica y en química contradice la ley de conservación de la materia. Quienes defiendan la verdad de la memoria del agua deberán aportar unas pruebas como mínimo igual de sólidas que las que sustentan a esas dos leyes. En caso contrario, nunca serán tenidas como argumentos válidos ni nunca será otra cosa que pseudociencia o falsa ciencia.

Detector de gilipolleces (falacias no formales) volumen 2

Sinopsis. Tras la primera parte del “detector de gilipolleces”, en esta entrada vamos a analizar otras de las cuatro falacias no formales (argumentos con apariencia de ser válidos, pero que no lo son al incumplir las reglas elementales de la lógica), que más asiduamente oímos en debates o en medios de comunicación. Se tratan de la falacia del wishful thinking, falacia del hombre de paja, falacia del jugador y la falacia naturalista.

Falacia del wishful thinking o del pensamiento ilusorio

El eje central de esta falacia es confundir deliberadamente los deseos con la realidad de tal manera que lo que resulta más placentero creer se da por cierto, pese a que no haya pruebas suficientes para demostrarlo.

Ejemplo: “Dios tiene que existir ya que de no existir mucha gente que ha hecho el mal toda su vida y ha muerto sin pagar sus crímenes, moriría sin que nadie le hiciera responder ante sus faltas, en una vida más allá de la muerte”.

Para demostrar la existencia de dios o de cualquier otra cosa será necesario presentar las pruebas o evidencias necesarias que corroboren su existencia. Este tipo de argumentos es como si alguien dice: “Los gremlins tienen que existir, ya que si no el mundo sería muy aburrido”. Por que a alguien -o a mucha gente- le pudiera parecer que un mundo con gremlins sería más divertido que uno sin ellos no va a hacer que broten por generación espontánea y existan. Y si realmente existen, previamente, habrá que presentar las pruebas de su existencia, como por ejemplo mostrar a algún bicho de esos en público.

Falacia del straw man u hombre de paja

La falacia del hombre de paja consiste en tomar la postura a la que te opones, modificarla de tal forma que construyes una caricatura de esta y luego atacar a la versión modificada que has creado para hacer más fácil su refutación.

Ejemplo: “Habría que estar en contra de las ideas feministas ya que tienen los mismo vicios que las ideas machistas pero favoreciendo a la mujer. Es decir, defienden la supremacía de la mujer sobre el hombre”.

El feminismo dada su versión original es un movimiento que exige para las mujeres los mismos derechos que a los hombres, sería homologable en todo caso al masculinismo (que busca la igualdad de derechos entre hombres y mujeres pero por ejemplo en ámbitos donde el sexo femenino hubiera tenido históricamente ventaja sobre el masculino, como por ejemplo en la adjudicación de la custodia de los hijos ante un divorcio), pero no al machismo. El movimiento que defiende la supremacía de la mujer sobre el hombre es el hembrismo o misandría y tratar de agarrarse a él como forma de atacar al feminismo es caer en una falacia de hombre de paja. Como todas las falacias se combaten primero señalándola y en este caso especial dejando claro que significa cada concepto de feminismo y diferenciándolo del hembrismo para desmontar el “muñeco de paja” sobre el que el oponente torticeramente quiere hacer girar el debate.

Falacia del jugador

La falacia del jugador es una trampa mental que nos puede llevar a infravalorar o sobrevalorar la probabilidad de un suceso dado que el cerebro humano es muy bueno para identificar patrones, pero es muy malo para identificar y deducir la aleatoriedad.

Ejemplo: “He lanzado esta moneda nueve veces y en todas ellas salió cara, apuesto que esta vez va a salir cruz ya que la probabilidad de que salga cara o cruz es del 50% cada una y ya toca que la serie de tiradas se vaya igualando en resultados y empiecen a salir cruces en los lanzamientos. De modo que la posibilidad de que salga cruz es más alta de que salga cara”.

Por así decirlo, el jugador que hace esta afirmación piensa instintivamente que cuando llegue a la décima tirada habiendo sacado en todas las nueves anteriores cara considera que la probabilidad de sacar cara es del 0,5 elevado a 10, es decir un 0,09765625% y la probabilidad de que pases el suceso contrario (que salga cruz), por ende, es del 99,90234375%, con lo que considera mucho más probable que salga cruz que cara. Es un razonamiento absolutamente falso ya que la probabilidad de que en esa décima tirada salga cara es del 50% y de que salga cruz es del 50% también (suponemos que la moneda no esta trucada para que una de las dos opciones tenga más probabilidad de salir que otra), ya que ese fenómeno aleatorio se basa en sucesos independientes en los que lo que ha sucedió anteriormente no afectan a las probabilidades del fenómeno que se está dando en ese momento.

Falacia naturalista

La falacia naturalista consiste en declarar una situación como la “natural” y por ende la única correcta. Lo que sea diferente será evidentemente antinatural y negativo en algún modo (lógica o moralmente por ejemplo).

Ejemplo: “No deberían estar permitidas las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo ya que dentro de la naturaleza el fin de las relaciones sexuales es la procreación y dado que entre personas del mismo sexo eso es imposible, son antinaturales”.

Desmontar este tipo de falacias es bastante sencillo. En primer lugar, parten de una asociación falsa que es que lo natural es positivo per se y lo antinatural o artificial al revés, cuando hay un montón de cosas en la naturaleza que podemos considerar aberrantes desde nuestro raciocinio (como algunas especies de insectos que para nacer lo hacen a costa de parasitar y matar a otras criaturas al más puro estilo “alien”), al igual que existen cosas artificiales positivas, (el artificio social del ser humano de dar protección a las personas con alguna malformación o discapacidad cuando en la naturaleza un animal que nace con alguna tara de este tipo suele ser abandonado o dejado atrás por la manada). La segunda arma para desmontarlas es simplemente mostrar que la evidencia señala lo contrario de lo que postulan, en el caso de la homosexualidad esos comportamientos han sido registrados en al menos 1.500 especies de animales distintas (también cambios de sexo como es el caso de los peces payaso) y hay estudios que sostienen que esos comportamientos se pueden dar en todas las especies a excepción claro está de los animales asexuales. Así pues, el argumento naturalista en vez de refutar las relaciones entre personas del mismo sexo más bien lo reforzaría.

¿Y si es el sector financiero quien realmente ha vivido por encima de sus posibilidades? Juzgue usted

Sinopsis. Uno de los mantras más repetidos para justificar políticas de recortes y reformas son que los ciudadanos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora toca abrocharse el cinturón. Pero la mayor recurrencia de las crisis económicas viene de lejos, desde los años 80, con el hipertrofiamiento del sector financiero sobre el sector real, la pregunta entonces es: ¿Es el sector financiero/bancario el que ha vivido por encima de sus posibilidades? Analizamos tres claves para tratar de esbozar un respuesta.

Uno de los mantras más repetidos  y usado a modo de coartada para justificar las políticas de recortes y reformas es la expresión que más o menos reza de la siguiente forma: “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora es preciso apretarse el cinturón para salir del atolladero, con lo que los recortes son la única vía para salir de la crisis”. Dejando al margen la validez o no de esta afirmación la evidencia empírica muestra que desde los 80 –coincidiendo con las desregulaciones hechas por Margaret Thatcher y Ronald Reagan que extendieron al sistema financiero- se ha producido un incremento de la recurrencia de crisis financieras y bancarias en el mundo. Esto lleva a plantearnos la siguiente pregunta: “¿Ha sido el sector financiero quien realmente ha vivido por encima de sus posibilidades y este hecho es el que acarrea que estemos padeciendo la crisis actual? Miremos algunas claves.

Clave 1. La ortodoxia en entredicho

Desde la vertiente más ortodoxa de la economía la postura oficial señala que cuanto más grande y desarrollado sea un sistema financiero, mayores serán sus efectos beneficiosos para la economía en tanto en cuanto genera una mayor capacidad para captar la inversión, reduce los costes de transacción en las operaciones y favorece una mejor distribución de capital y riesgos en una economía. Así pues, a medida que crezca la profundización financiera también aumentará el crecimiento económico a largo plazo. ¿Qué dice la empiria al respecto? ¿Valida o contradice esa hipótesis? Sobre esto la mayoría de los estudios concuerda que la profundización financiera óptima (medida como crédito al sector privado sobre el PIB) estaría en un nivel entre el 80% y el 100%. Es decir, hay una fuerte correlación positiva entre la profundización financiera y el crecimiento económico en países con sectores financieros pequeños y medianos. Sin embargo, en países con sectores financieros grandes, no se encuentra este vínculo. Es más, existe un umbral de profundidad financiera que (100% del PIB) que una vez que se supera, empieza a tener un efecto negativo en el crecimiento económico. Tal y como señala este trabajo desarrollado por Jean-Louis Arcand, Enrico Berkes y Ugo Panizza.

Las razones que subyacen a este efecto son dos principalmente. La primera que un sistema financiero sobredimensionado incrementa la probabilidad de colapsos financieros de gran escala y trae consigo una gran volatilidad que influye negativamente sobre el crecimiento económico, tal y como conjeturó el economista Hyman Minsky en 1974. En segundo lugar, el supuesto de que el sector financiero siempre asigna eficientemente los recursos no es cierto en todos los casos y existirían situaciones (incluso en la parte expansiva del ciclo económico) en los que el sector financiero no asignara el crédito de la forma más óptima desde el punto de vista del crecimiento económico. Una hipótesis elaborada por James Tobin y que hay varios estudios que refrendan como este elaborado en 2009 en donde se pone de manifiesto que tras estudiar 45 países entre 1994 y 2005 existe una correlación positiva entre el crédito a empresas y el crecimiento económico, pero ningún tipo de correlación entre el crédito hipotecario y el crecimiento económico. Así, en periodos de bonanza las entidades crediticias en la búsqueda de mayores rentabilidades a corto plazo tienden a otorgar más crédito para alimentar burbujas como la inmobiliaria y no tanto a otras actividades que si generan crecimiento económico futuro y por tanto una posteriormente capacidad de pago de la deuda contraída a los perceptores del crédito, (nunca hay que perder de vista que todo crédito supone una deuda a devolver a quien se le ha concedido el crédito. De modo que todo aumento del crédito supondrá automáticamente un aumento de la deuda total en esa economía).

Clave 2. Financiarización, el tamaño si importa

En esta clave vamos a centrarnos en la teoría de que un sistema financiero sobredimensionado constituye un factor de riesgo para el crecimiento económico y un caldo de cultivo idóneo para crisis económicas. A esta hipertrofia de la economía financiera respecto a la economía real y a las consecuencias negativas que de ésta se desprende, es lo que se conoce como financiarización y es precisamente este fenómeno al que más alude directamente a la pregunta de este post. Miremos algunos datos que nos atañen de cerca, como cuál es el tamaño estimado de la banca respecto al PIB. (ver imagen) en las distintas economías de la eurozona y del Área euro en su conjunto.

TamañobancaeuropeaPIB

Los datos están sacados del Informe de Estructura bancaria que elabora el Banco Central Europeo (BCE) a partir de la información que recaba esta institución. Se observa pese a que desde que comenzó la crisis hasta los últimos datos registrados que la dimensión de la banca sobre el PIB decrece en la mayoría de países (en España no) este sigue siendo varias veces superior al Producto Interior Bruto. Esta situación en si misma no es negativa pero si hay que rescatar al sistema bancario de un país el tamaño no solo importa sino que resulta determinante ya que la cuantía de la ayuda que se tenga que aportar para evitar una hipotética quiebra del sistema bancario es directamente proporcional a la dimensión de este. Y si esa asistencia financiera supera a los que las cuentas públicas y la economía de un país puede soportar el rescate se hace inevitable.

Tampoco hay que olvidar las particularidades que tiene el sector bancario y como este puede venirse abajo ante un ‘pánico financiero’. Esto es, un banco perfectamente solvente puede quebrar de la noche a la mañana con que tan sólo sus depositantes desconfíen, con razón o sin ella, de esa solvencia y decidan retirar sus depósitos. Cómo el banco tiene la mayoría de los depósitos en préstamos a plazos y sólo tiene un tanto por ciento de los depósitos en cuentas de rápida disposición, no podrá hacer frente a las retiradas y acabará, efectivamente, quebrando. El pistoletazo de salida a este pánico bancario lo puede dar la quiebra de una entidad de tamaño más o menos grande (una Bankia, por ejemplo) y provocar que a la gente le entre la desconfianza hacia otras entidades haciendo un efecto arrastre cuyas máximas consecuencias sobre esa economía serán mayores cuanto mayor sea el tamaño de su sector bancario sobre el PIB. Así pues una reducción del tamaño de la banca sobre el PIB se traduce en que si finalmente la Espada de Damocles cae, esta esté menos afilada.

Clave 3. El lado oscuro.

En esta clave hay que analizar el concepto de Shadow Banking o sistema bancario en la sombra. Por este se denomina a la intermediación de crédito que involucra entidades y actividades fuera del sistema bancario regular. Intermediar crédito a través de canales no bancarios puede tener ventajas importantes y contribuye a la financiación de la economía real; pero esos canales también pueden convertirse en una fuente de riesgo sistémico, sobre todo cuando están estructurados para realizar funciones bancarias como (por ejemplo, de madurez y de transformación de liquidez y apalancamiento). El motivo es que al no verse sometido a las directrices de un organismo regulador como el Banco Central de un país, estas entidades ejercen sus actividades, por lo general, sin tomar las cautelas que los supervisores imponen a las entidades tradicionales a la hora de ejercer su actividad. Entre estas destacan tener un colchón de capital (core capital y demás ratios TIER) en función del volumen de créditos concedidos dado que una parte de estos puede quedar impagada, o bien señalar que activos pueden ser unas garantías aceptables, por su calidad, para un banco a la hora de dar un crédito.

Así pues la existencia de un sistema bancario en la sombra se puede considerar una fuente de riesgos en ese sentido sobre todo si esas entidades están fuertemente interconectadas con el sistema bancario convencional. Según el último informe del Financial Stability Board, desde el año 2007 el tamaño de la banca en la sombra no ha sido tan grande con lo que los riesgos que acarrea han crecido. Las cifras quedan de la siguiente manera, en la eurozona el sistema bancario paralelo supone el 120% del PIB, en EE.UU y Reino Unido un 180% y un 350%, respectivamente, y en China se ha dado un fuerte incremento de éste que ya alcanza el 70% del PIB.

A tenor de todo lo dicho vemos que dada su dimensión y su dinámica es el sector financiero quien ha vivido realmente por encima de sus posibilidades y no tanto así la ciudadanía. Así que lo que dictaría el sentido común es que cuando se evocan las reformas estructurales se pusiera el más énfasis en que estas buscaran disminuir la dependencia de la financiación privada del sistema bancario y este se abriera a otras formas de obtención de financiación, en lugar, de proponer sólo reformas cuyo impacto lo sufre una ciudadanía que es llevada hasta el hastío.