Feliz día mundial del escepticismo

Sinopsis. Hoy es el día mundial del escepticismo, aprovechando esta jornada nos acercamos un poco a qué defiende esta corriente filosófica y a los principios que pregona.

Tal día como hoy, un 20 de diciembre, coincidiendo con el aniversario luctuoso de la muerte de Carl Sagan uno de los mayores divulgadores científicos y uno de los padres –junto con Paul Kurtz- de los Movimientos Escépticos Organizados se defendió la iniciativa desde la web “Proyecto Sandía” de proclamar esta jornada como el día mundial del escepticismo. El escepticismo como corriente filosófica, se basa en que toda la información que se obtenga o se de esté bien apoyada en evidencias empíricas o datos. Es decir, en una actitud inquisitiva hacia el conocimiento y en la sistémica aportación de pruebas válidas sobre cualquier afirmación que se haga.

Al calor del escepticismo, surgió el llamado humanismo escéptico o humanismo secular. Movimiento que aboga por descartar las explicaciones sobrenaturales sobre el origen del universo y de la humanidad y en la aplicación de la ciencia y la tecnología para la mejora de la condición humana. En el año 2000 se firmó un manifiesto en el cual esta corriente dejaba claro los principios éticos en que se sustentaban y que a continuación ponemos escritos literalmente.

  1. La dignidad y autonomía del individuo es el valor central. La ética humanista se compromete a maximizar la libertad de elección, libertad de pensamiento y conciencia, el libre pensamiento y la libre investigación, y el derecho de los individuos a seguir sus propios estilos de vida hasta donde sean capaces y hasta tanto que ello no dañe o perjudique a otros. Esto es especialmente relevante en las sociedades democráticas en donde pueden coexistir una multiplicidad de sistemas alternativos de valores. Por consiguiente los humanistas aprecian la diversidad.
  1. La defensa humanista de la autodeterminación no significa que los humanistas acepten como valiosas cualquier clase de conducta por el mero hecho de ser humana. Ni la tolerancia de los distintos estilos de vida implica necesariamente su aprobación. Los humanistas insisten que acompañando al compromiso con una sociedad libre está siempre la necesidad de alcanzar un nivel cualitativo de gusto y distinción. Los humanistas creen que la libertad debe ser ejercitada con responsabilidad. Reconocemos que todos los individuos viven en el seno de comunidades y que algunas acciones son destructivas y están equivocadas.
  1. Los filósofos éticos humanistas han defendido una ética de la excelencia (desde Aristóteles y Kant hasta John Stuart Mill, John Dewey, y M.N. Roy). En ellos se hacen patentes la templanza, la moderación, la continencia, el autocontrol. Entre los tópicos de la excelencia se encuentran la capacidad de elegir libremente, la creatividad, el gusto estético, la prudencia en las motivaciones, la racionalidad y una cierta obligación de llevar a su máximo cumplimiento los más altos talentos de cada cual. El humanismo intenta sacar a flote lo mejor de la gente, de manera que todo el mundo pueda tener lo mejor en la vida.
  1. El humanismo reconoce nuestras responsabilidades y deudas con los otros. Esto significa que no debemos tratar a los demás seres humanos como meros objetos para nuestra propia satisfacción; debemos considerarlos como personas dignas de igual consideración que nosotros mismos. Los humanistas sostienen que «todos y cada uno de los individuos deberían ser tratados humanamente». Aceptan la Regla de Oro según la cual «no debes tratar a los demás como no quieras que te traten a ti». También aceptan por la misma razón el antiguo mandato de que deberíamos «recibir a los extranjeros dentro de nuestras posibilidades», respetando sus diferencias con nosotros. Dada la multiplicidad actual de credos, todos somos extranjeros —aunque podamos ser amigos— en una comunidad más amplia.
  1. Los humanistas creen que las virtudes de la empatía (o buena disposición) y la corrección (o el trato cuidadoso) son esenciales para la conducta ética. Esto implica que deberíamos desarrollar un interés altruista hacia las necesidades e intereses de los demás. Las piedras fundamentales de la conducta moral son las «decencias morales comunes»; es decir, las virtudes morales generales que son ampliamente compartidas por los miembros de la especie humana pertenecientes a las más diversas culturas y religiones: Debemos decir la verdad, cumplir las promesas, ser honestos, sinceros, hacer el bien, ser fiables y confiar, dar muestras de fidelidad, aprecio y gratitud; ser bien pensados, justos y tolerantes; debemos negociar las diferencias razonablemente e intentar ser cooperativos; no debemos herir o injuriar, ni tampoco hacer daño o atemorizar a otras personas. Pese a que los humanistas han hecho llamamientos contra los códigos puritanos represivos, con el mismo énfasis han defendido la responsabilidad moral.
  1. En lo más alto de la agenda humanista figura la necesidad de proporcionar educación moral a los niños y a los jóvenes, al objeto de desarrollar el carácter y fomentar el aprecio por las decencias morales universales, así como para garantizar el progreso moral y la capacidad de razonamiento moral.
  1. Los humanistas recomiendan que usemos la razón para fundamentar nuestros juicios éticos. El punto decisivo es que el conocimiento es esencial para formular elecciones éticas. En particular, necesitamos comprometernos en un proceso de deliberación, si estamos por la tarea de solucionar los dilemas morales. Los principios y valores humanos pueden justificarse mejor a la luz de la investigación reflexiva. Cuando existan diferencias, es preciso negociarlas siempre que podamos mediante un diálogo racional.
  1. Los humanistas mantienen que deberíamos estar preparados para modificar los principios y los valores éticos a la luz de las realidades que vayan produciéndose y de las expectativas futuras. Necesitamos ciertamente apropiarnos de la mejor sabiduría moral del pasado, pero también desarrollar nuevas soluciones para los dilemas morales, sean viejos o nuevos. Por ejemplo, el debate sobre la eutanasia voluntaria se ha intensificado de manera especial en las sociedades opulentas, porque la tecnología médica nos capacita ahora para prolongar la vida de pacientes terminales que anteriormente habrían muerto. Los humanistas han argumentado a favor del «morir con dignidad» y del derecho de los adultos competentes para rechazar el tratamiento médico, reduciendo así el sufrimiento innecesario, e incluso para acelerar la muerte. También han reconocido la importancia del movimiento hospitalario para facilitar el proceso más deseable. De la misma manera, deberíamos estar preparados para elegir racionalmente entre los nuevos poderes reproductivos que la investigación científica ha hecho posibles —tales como la fertilización in vitro, la maternidad de alquiler, la ingeniería genética, el transplante de órganos y la clonación. No podemos estar mirando atrás, hacia las morales absolutas del pasado para guiarnos en estas cuestiones. Necesitamos respetar la autonomía de la elección.
  1. Los humanistas arguyen que deberíamos respetar una ética de principios. Esto significa que el fin no justifica los medios; por el contrario, nuestros fines están modelados por nuestros medios, y hay límites acerca de lo que nos está permitido hacer. Esto es especialmente importante hoy a la luz de las tiranías dictatoriales del siglo XX, en las que determinadas ideologías políticas manipularon comprometidos medios morales con fervor casi religioso para realizar fines visionarios. Somos agudamente conscientes de trágico sufrimiento infligido a millones de personas por quienes estuvieron dispuestos a permitir un gran mal en la prosecución de un supuesto bien mucho mayor.

Personalmente estoy de acuerdo con la mayoría de estos principios, en algunos en cambio tengo mis dudas. Por ejemplo, en el último en el que se niega categóricamente que el fin no justifica los medios. Ante esa disyuntiva siempre planteo la cuestión de que depende de que fin y depende de que medios. Los daños provocados por dictaduras en pro de un supuesto bien mayor son intolerables, evidentemente, pero hay circunstancias en las que el fin si que puede justificar los medios y están recogidos en el propio ordenamiento jurídico. Tal es el caso de que si matas a una persona en defensa propia para evitar que esta te mate a ti, no se te puede condenar por ellos. Ahí tenemos un ejemplo real de cómo el fin (sobrevivir) justifica un medio éticamente reprobable (matar a una persona).

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Detector de gilipolleces (falacias no formales) y ya van tres

Sinopsis. Después del detector de gilipolleces 1 y 2, proseguimos en nuestra serie de análisis de falacias no formales. En esta ocasión,  estudiaremos la falacia de la afirmación gratuita, la de la falsa analogía, el non sequitur y la pregunta capciosa.

Falacia de la afirmación gratuita

Sin lugar a dudas, la falacia no formal más frecuente que nos podemos encontrar. Aparece constantemente en los medios de comunicación sobre todo en los editoriales y artículos de opinión, pero también aparece cada dos por tres en las conversaciones cotidianas. La falacia de la afirmación gratuita es simplemente un enunciado disfrazado de argumento, esto es, afirmar cualquier cosa sin dar las razones, las pruebas o los datos en que se sustentan lo que se dice. En definitiva, el “hablar por hablar” de toda la vida.

Ejemplos:

La cultura europea es más rica que la estadounidense.

Nuestros enemigos políticos mienten siempre sobre nosotros.

Mi vecino de arriba es imbécil.

Felizmente, esta falacia tan común tiene una forma muy sencilla de neutralización, basta con preguntar a quien la haga “¿Por qué?” o “¿En qué te basas para decir eso?”o cualquier pregunta de ese estilo. Así le requieres a quien hace la afirmación gratuita que presente las razones/pruebas/datos en los que se fundamenta y una vez conocidos esos elementos ya se puede abrir el debate en caso de no estar de acuerdo.

-Mi vecino de arriba es imbécil.

-¿Por qué?

-Porque se  ha ido de casa dejando el grifo de la bañera abierto, se ha desbordado, le ha inundado el baño y me ha hecho goteras en el techo.

-La cultura europea es más rica que la estadounidense

-¿En qué te basas para decir eso?

-En que al ser una nación más joven EE.UU. que el conjunto de países europeos hay registradas menor cantidad de obras literarias, pictóricas y musicales que en Europa.

-Nuestros enemigos políticos mienten siempre sobre nosostros.

-¿En qué te basas para decir eso?

-En que siempre buscan dar una imagen peor de la que es de nosotros, por que eso les da réditos electorales.

Falacia de la falsa analogía

Esta es una de las falacias más peligrosas, en la medida en que es más difícil de detectar. El motivo es que una de las herramientas de aprendizaje más usadas por la mente humana es la asociación de ideas, justamente la base de toda analogía. Las semejanzas o analogías son excelentes herramienta para explicar conceptos. Permiten asociar ideas nuevas con el conocimiento previo, o describir algo complejo de tal manera que sea entendible a un nivel más básico. Hasta ahí todo correcto, el problema (o mejor dicho la falacia) se da cuando se trata de forzar una analogía más allá de lo razonable.

Ejemplo. “Un Estado es como una familia o un hogar, no puede estar constantemente gastando más de lo que ingresa”. Efectivamente un Estado al igual que una familia o economía doméstica tiene sus ingresos y tiene sus gastos. Si una familia gasta más de lo que ingresa se verá obligada a pedir un crédito al banco en ese momento que les financie de la misma forma que si las AA.PP. gastan más de lo que ingresan incurrirán en un déficit público el cual deberán de financiar emitiendo deuda pública. Sin embargo, un Estado (que no sea de la eurozona) cuenta con herramientas que no cuenta ningún hogar. Por ejemplo, un banco central que tiene por ley el monopolio de emisión de moneda. Es decir, si un Estado incurre repetidamente en déficits públicos y se endeuda mucho en caso de verse con el agua al cuello puede darle a la maquinita de imprimir dinero y sacar toda la cantidad necesaria para liquidar sus deudas, esto es, monetizarla (una medida así tampoco es la panacea ya que provocaría fuertes tensiones inflacionistas, pero ese es otro asunto), por no hablar de que un Estado puede tratar de subir la presión fiscal para obtener más ingresos vía impuestos ya que por ley tiene la capacidad de imposición tributaria. Así pues, salvo que estemos hablando de una familia o un hogar en que sus miembros se dediquen a la falsificación de billetes y/o que ademas tengan la capacidad coercitiva de cobrarles pagos a otras familias, la tan extendida comparación hogares y Estado por motivos de desequilibrios presupuestarios es, a todas luces, una falacia de falsa analogía.

¿Significa esto que debemos renunciar a las comparaciones como forma de tratar de entender la realidad? Ni mucho menos. Simplemente hay que usar la analogía con la que estemos solo hasta la parte en que nos permite explicar la realidad y señalando los motivos por los que ir más allá con ella induce a error. Miguel Ángel Sabadell –editor de la revista Muy Interesante- pone un ejemplo magistral de esto cuando compara la expansión del universo con un globo que se infla. (A partir del minuto 2:00)

Falacia del non sequitur

Non sequitur es una expresión del latina que significa “no se sigue”. En la lógica se usa para referirse a una conclusión que no está relacionada con las premisas usadas. Estas falacias tienen la siguiente forma: Si A, entonces B. Ocurre B. Por lo tanto, A. Si soy un hombre con el pelo moreno, soy un ser humano. Soy un ser humano. Por lo tanto, soy un hombre con el pelo moreno. Dado que la primera premisa es un condicional, que depende de A para poder llegar a B, y la segunda premisa es el consecuente del condicional de la primera premisa, o sea B, entonces no se puede concluir A de ninguna manera. Esto se entiende porque la primera premisa es un condicional, lo cual significa que el antecedente es suficiente para el consecuente, pero no al revés.

La falacia non sequitur se detecta básicamente invirtiendo el orden de las premisas y viendo que de esa forma sale una estupidez o algo que en nada tienen que ver con la afirmación original. Ejemplos.

En nuestra declaración de la renta no figura que hayamos cobrado dinero negro, luego no lo hemos cobrado. (falacia non sequitur)

(inversión de las premisas) No hemos cobrado dinero en negro, porque no figura en nuestra declaración de la renta.

Todos los niños necesitan los cuidados de sus padres, pero cuando ambos padres trabajan no pueden prestárselos. Por eso, las madres no deberían trabajar. (falacia non sequitur)

(inversión de las premisas) Las madres no deberían trabajar, porque todos los niños necesitan los cuidados de sus padres, pero cuando ambos trabajan no pueden prestárselos.

Falacia de la pregunta cargada o capciosa

La pregunta cargada o capciosa es una cuestión que encierra un presupuesto determinado y que se plantea con ánimo de comprometer al interlocutor, ya que cualquier respuesta que dé puede ser malinterpretada o considerada inconveniente.

Ejemplos: ¿Va a decir usted la verdad esta vez? Si dices que sí asumes que antes has mentido. Si dices que no asumes que ahora vas a mentir. La clave sería deshacer el presupuesto de la pregunta antes de dar una respuesta diciendo “siempre he dicho la verdad y ahora también”. ¿Ha dejado ya de golpear a su mujer? Si dices sí, señalas que antes la maltratabas. Si dices no, señalas que antes la maltratabas y ahora también. Solución: decir nunca he maltratado a mi mujer. “¿Es verdad que crees en la evolución? ¿Crees que dos monos copularon y tuvieron un hijo humano?”. En este caso se presentan dos preguntas juntas que no son equivalentes, pero se busca una respuesta de sí o no que aplique a ambas. La teoría de la evolución no dice que dos monos tuvieran sexo y de repente ya apareciera directamente el ser humano.

Anumerismo económico, el fracking solo explica una ínfima parte del crecimiento de EEUU

Sinopsis. Desde que en EE.UU. se lanzara un ambicioso plan para estimular la economía con políticas fiscales y monetarias expansivas. Muchas han sido las voces que en su día señalaron que esas medidas, en el mejor de los casos iban a ser inútiles, o cuando no, iban a agravar la situación. El tiempo ha demostrado todo lo contrario, pero desde algunas escuelas de pensamiento económico siguen buscando pretextos para no asimilar la realidad y para ellas la excusa para explicar el crecimiento de la producción y del empleo en EE.UU. es el fracking. ¿Es  cierta esa hipótesis? Vamos a contrastarlo con datos.  

Desde que EE.UU. iniciara sus programas de estímulos económicos para luchar contra la crisis, varios adláteres de determinada escuela económica de marcado cariz pseudocientífico -la escuela austriaca- han estado denunciando que las medidas emprendidas desde ese país iban a ser en el mejor de los casos inútiles o, incluso, iban a traer consecuencias desastrosas para su economía. Cuando la Reserva Federal el 25 de noviembre de 2008 inició el primero de los Quantitative Easings (QEs) y el establecimiento de los tipos oficiales en mínimos históricos, ya saltaron las primeras voces indicando que dichas medidas iban encaminadas a provocar una hiperinflación. Primer fallo, ya que los QE -como bien explican desde Sintetia– no suponían riesgo de hiperinflación ya que pese a que estas medidas afectan a la base monetaria, apenas afectan al ritmo de crecimiento de los agregados monetarios M2 y M3 y son éstos quienes determinarían si las medidas emprendidas por Bernanke podrían disparar el nivel de precios dada la ecuación cuantitativa del dinero M*V = P*Y (Masa monetaria multiplicada por la velocidad de circulación del dinero = PIB en términos nominales).

El segundo error, vino al señalar que los estímulos no habían traído las consecuencias negativas que se les presumían, pero que tampoco habían contribuido en nada ni las relajaciones cuantitativas de la Fed, ni los programas de gasto público emprendidos en EEUU mediante la American Recovery and Reinvestment Act (ARRA). Esta última, comenzó el 17 de febrero de 2009. Sin embargo, quienes se han preocupado de recabar los datos y hacer un análisis econométrico y/o modelizado pertinente (no basado en simple retórica y dialéctica inoperante condimentada ocasionalmente con algún dato suelto) demuestran que los estímulos si que han sido útiles. Tal es el caso de los economistas James Freyrer y Bruce Sacerdote; Gabriel Chodorow-Reich, Laura Feiveson, Zachary Liscow y William Gui Woolston; Daniel J. Wilson; Benjamin Page y Felix Reichling (de la Oficina del Presupuesto del Congreso de EE.UU.); The Council of Economics Advisers (el gabinete de economistas que asesora al Presidente de los EE.UU.); Mark Zandi y Alain S. BlinderHyunseung Oh y Ricardo Reis. ¿Ha habido estudios que indiquen que los estímulos fracasaron? Si, tal es el caso del análisis efectuado por Timothy Conley y Bill Dupor o este otro de John B. Taylor. No obstante, hay problemas en estos dos últimos, el de Conley y Dupor sus estimaciones no son estadísticamente significativas y en el caso de Taylor señalan un efecto positivo reducido de las políticas fiscales y monetarias, con lo que si los estímulos hubieran sido mayores con su modelo el resultado hubiera salido igualmente, que si han funcionado. Así pues, dado que la mayoría de análisis serios concluyen en que los estímulos si sirvieron en EE.UU. hay un gran consenso sobre que la proactividad del Estado y de la Fed fue útil para combatir la crisis.

Una vez visto que ni los QE han generado una inflación galopante y que los estímulos de política fiscal no han sido inútiles sino todo lo contrario, podría darse por terminado el debate. Pues no, volvieron a la carga. Esta vez como no se puede negar que la economía americana ha crecido y que la situación (pese a que sigue siendo mejorable) es más propicia que en el año 2009 que fue cuando la Gran Recesión se hizó notar a escala mundial,  ahora se argumenta que el crecimiento de la producción y del empleo se debe prácticamente en su totalidad al “fracking” y que los estímulos llevados a cabo no han servido de nada. En un artículo en The Washington Post y en este informe Richard W. Rahn, académico senior en el Cato Institute y presidente del Institute for Global Economic Growth, afirma que sin la fractura hidráulica no habría habido ningún crecimiento económico en los EE.UU. en los últimos cinco años. En resumen, en el trabajo señalan que el fracking supone un 2,5% del PIB estadounidense y su peso está creciendo rápidamente, hasta el punto de que esta técnica estableció un récord de aportación al PIB americano de 284.000 millones de dólares en 2012 y de 462.000 millones el año pasado.

El problema de estas cifras es que son del todo inverosímiles. Mirando los datos oficiales de la Oficina de Análisis Económico de EE.UU. en los que se señala el Valor Añadido que genera cada uno de los sectores de la economía (hay que recordar que la suma del Valor Añadido Bruto de todos los sectores de una economía nos da su PIB a coste de factores, si a este le restamos los impuestos a la producción y le sumamos las subvenciones a la producción nos da el PIB a precios de mercados y este desglosado por sectores nos da el Valor Añadido de cada uno, o lo que es lo mismo lo que aporta cada uno al crecimiento económico), desde finales de 2008 que es cuando se iniciaron los estímulos monetarios y fiscales se detecta la trampa. La actividad del fracking, por sí sola no aparece, pero se integra dentro del sector petróleo y extracción de gas (oil and gas extraction), en donde además de la fractura hidráulica están las actividades convencionales de extracción de crudo y gas.  Pues bien, en los últimos 6 años el PIB de EEUU a precios corrientes fue: 14.718.582 millones de dólares en 2008, 14.418.739 millones de dólares en 2009, 14.964.372 millones 2010, 15.517.926 en 2011, 16.163.158 en 2012 y 16.768.053 en 2013. Por su parte, el Valor Añadido generado por todo el sector de petróleo y extracción de gas fue de 280.516 millones de dólares en 2008, 184.601 millones de dólares en 2009, 209.323 millones en 2010, 252.490 en 2011, 260.369 durante 2012 y 291.937 en 2013. Es decir, prácticamente imposible la cifra de que el fracking aportó 462.000 millones de dólares al crecimiento del PIB en 2013 y de 284.000 millones en 2012 ya que a esa cantidad no llega ni todo el sector de petróleo y extracción de gas, del cual el fracking es sólo una parte. (Ver imagen).

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Visto esto, profundicemos en la hipótesis de que el crecimiento económico de EEUU durante los últimos cinco años es debido, mayormente, al gas no convencional. Vaya por delante que -a tenor de los datos- el peso de todo el sector de petróleo y extracción del gas (del cual el fracking es solo una parte recordemos, por lo tanto lo estamos sobre valorando) ha sido del 1,9% del PIB en 2008, 1,3% del PIB en 2009, 1,4% del PIB en 2010, 1,6% sobre el PIB en 2011 y 2012 y 1,7% del PIB en 2013. Esto es, una ponderación ínfima de este sector como para provocar un efecto arrastre que le haga generar todo el crecimiento de una economía en esos años. Así, pues la verosimilitud de esta conjetura es bastante cuestionable, no obstante, comprobémosla. Tomemos los datos del PIB de EEUU en términos reales de 2008 y comparémoslos con los últimos disponibles de 2013. En 2008 el PIB fue de 14.830.359 millones $ y en 2013 de 15.710.295 millones. Sale un crecimiento acumulado del 5,93% y en términos absolutos de 879.936 millones de dólares. Ahora tomemos los datos del Valor Añadido del sector petróleo y extracción de gas, en 2009 este fue de 140.734 millones de dólares y en 2013 alcanzó los 204.446 millones. El crecimiento de este segmento del mercado en el mismo periodo es del 45,27% (muy por encima de la media del global de la economía y es de los sectores que hace una aportación positiva al crecimiento, todo hay que decirlo) y en términos absolutos fue de 63.712 millones de dólares. Es decir, de los 879.936 millones de dólares de crecimiento generado, el sector del petróleo y extracción de gas aporta solo 63.712, únicamente un 7,24% sobre el total y dado que el fracking es solo una parte de esta industria su aportación será todavía inferior. De tal forma, que atribuir a la fractura hidráulica el crecimiento económico de los EEUU en los últimos años es descaradamente falso. (Ver imágenes).

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Finalmente, la hipótesis de que el empleo generado en EE.UU. se debe al fracking. Consultando los datos, a finales del noviembre del año 2008 (recordemos el QE y la bajada de tipos oficiales a mínimos históricos es en noviembre y diciembre de ese año y dan el pistoletazo de salida a los estímulos) en EE.UU. había un total de 144.100.000 empleados (datos desestacionalizados y corregidos a efectos de calendario) mientras que actualmente el total de empleados asciende hasta 147.283.000. Es decir, 3.183.000 más. Si nos fijamos en el mismo periodo para el empleo en el sector de petróleo y extracción del gas, este pasa de 167.100 personas a 215.600. Esto es, de los 3.183.000 puestos de trabajo creados en ese periodo sólo 48.500 se han hecho en el seno del sector en el que se encuentra integrado el fracking, tan solo un 1,5% del total. Por haber, había quienes señalaban que solo con la cantidad de empleo generado a raíz del gas convencional en Texas ya explicaba todo el aumento de empleo que ha tenido los EE.UU, conjetura aún más inverosímil ya que es solo un Estado y mirando los datos la inverosimilitud queda manifiesta. En noviembre de 2008 el total de empleados en Texas en el sector petróleo y extracción de gas era 81.900 y según los últimos datos disponibles, había subido hasta 113.700 personas, un incremento de solo 31.800 personas.

(Ampliación a 10-12-2014). Tuve hace unos días un pequeño debate vía twitter con Juan Ramón Rallo (el cual se puede ver aquí) acerca de si el impacto del fracking en la economía americana había sido ínfimo y si tenía sentido considerarlo como una de las causas claves para que la economía americana dejara atrás la crisis, tal y como reza en el título de esta entrada. Rallo, adujo al efecto multiplicador que este sector estaría provocando en otros segmentos de la economía vía abaratamiento de la energía que, a su vez, haría viables un mayor número de proyectos empresariales. Le pedí si me podía pasar un estudio sometido a revisión por pares, en alguna publicación de impacto que calculara el efecto multiplicador. Respondió pasándome este informe del McKinsey Global Institute que se puede ver aquí. Primer punto, si el McKinsey Global Institute es una publicación de impacto (es una de las consultorías con mas prestigio del mundo pero no una publicación académica), esta desde luego no está -en cuanto a rigor y prestigio académico- ni entre las 1.346 primeras y desde luego ese análisis no está sometido a revisión por pares. Por no hablar de que la argumentación se basa en un modelo econométrico Input-Output cuyo enfoque se centraba más en proyecciones desde 2013 hasta 2020 (largo me lo fías) que en el impacto del fracking para que EEUU superara la crisis. 

¿Por qué soy tan “tiquismiquis”, a la hora de pedir un estudio publicado en una revista de impacto y sometido a revisión por pares? Primero, el sector del petróleo y extracción de gas apenas supone un 1,7% de todo el PIB americano, donde el fracking solo es una parte y por tanto la ponderación del shale gas es todavía inferior. ¿Qué las repercusiones de un sector en el total de una economía van más allá de su valor añadido directo? Ahí, de acuerdo con Rallo. Pero aun así para que una actividad, cuyo peso es tan reducido, pueda tener un impacto vital en la recuperación de la producción y del empleo en EEUU, deberá tener un efecto multiplicador descomunal. Por tanto, ante una afirmación extraordinaria del tipo el fracking ha sido clave para la salida de la crisis de EEUU hay que exigir pruebas igualmente extraordinarias y rigurosas que la sustenten. Segundo, tal y como le pasé a Rallo en nuestro intercambio de tweets, está visto que muchos de los estudios que utilizan modelos econométricos Input-Output no son sometidos a revisión por pares, e inflan exageradamente las cifras del efecto arrastre que tiene la fractura hidráulica sobre los otros sectores. Con lo que mi petición de un estudio publicado en una revista de impacto y sometido a revisión por pares no era gratuito.

Otros análisis que si cumplen los requisitos que pedí sobre el impacto del fracking en el crecimiento y en el empleo son muchísimos más modestos en las repercusiones positivas que ha tenido esta actividad y desde luego no invitan a pensar que haya sido la extracción de gas no convencional una de las principales causas que hayan ayudado a los EE.UU. a salir de la crisis. Como ejemplos tenemos como este estudio de Thiemo Fetzer (donde el impacto sobre el empleo da para un total de casi 600.000 puestos de trabajo en total creados en el periodo 2004-2013), éste de Dusan Paredes Araya, Timothy Komarek y Scott Loveridge o este otro de Jason P. Brown o este otro de Peter Manilof y Ralph Mastromonaco, donde señalan que los puestos de trabajo generados por el shale gas durante la última década estaría entre 50.000 y 430.000. Finalmente, la afirmación de que la fractura hidráulica supone un nueva “revolución energética”, que ha tirado a la baja los precios de la energía, posibilitando la viabilidad de más proyectos empresariales hay que cogerla con pinzas a tenor de los datos. Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos, en los últimos años (concretamente 2012) se dio una importante bajada del precio del Gas Natural, pero ese descenso tuvo un impacto limitado en los precios finales de energía pagados, por la industria, los residentes y los comercios y ya para este año se espera una subida de estos, con lo que la revolución energética señalada no parece tanto.