Sesgos Cognitivos: No dejes que la realidad te impida alcanzar la verdad

Sinopsis. Como consecuencia de la evolución humana nuestra mente ha desarrollado una serie de mecanismos que nos permiten tomar juicios de forma inmediata y asumir una posición rápida ante estímulos. Pero esto acarrea también sus inconvenientes, como que son construcciones irracionales que nos pueden alejar del conocimiento. ¿Cuáles son estos prejuicios y que métodos de obtener conocimiento tenemos que resisten fácilmente a su existencia?

El ser humano es definido en multitud de ocasiones como un animal racional ya que en el transcurso de su evolución el desarrollo de su raciocinio ha sido la clave principal de su éxito biológico convirtiéndose en la especie hegemónica en el planeta. Sin embargo, ese mismo desarrollo evolutivo ha generado la necesidad de emitir de forma inmediata juicios que utiliza nuestro cerebro para asumir una posición rápida ante ciertos estímulos, problemas o situaciones, que debido a la incapacidad de procesar toda la información disponible se filtra de forma selectiva o subjetiva.

Ese proceso da lugar a lo que se conoce como sesgos o prejuicios cognitivos un efecto psicológico que produce una desviación en el procesamiento de lo percibido, lo que lleva a una distorsión, juicio inexacto, interpretación ilógica, o lo que se llama en términos generales irracionalidad, que se da sobre la base de la interpretación de la información disponible, aunque los datos no sean lógicos o no estén relacionados entre sí. Así pues en la medida en que el cerebro puede hacer construcciones erróneas sobre su entorno podemos concretar que los prejuicios o sesgos cognitivos hacen que nuestra realidad construida nos aleje del conocimiento de la verdad.

Los sesgos cognitivos fueron introducidos por los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky en 1972 y a partir de varios estudios y experimentos se le fue concedido a Kahneman (Tversky ya había fallecido) el premio Nobel de Economía en 2002 por haber integrado aspectos de la investigación psicológica en la ciencia económica, especialmente en lo que respecta al juicio humano y la toma de decisiones bajo incertidumbre. En su artículo “Juicios en incertidumbre: heurística y sesgos” muestran los resultados de numerosos experimentos que les permiten detectar tres tipos de sesgos en nuestra manera de razonar y que vamos a describir a continuación.

El primero de ellos es la representatividad. Esta consiste en que somos proclives a sesgar nuestros juicios en función de estereotipos. Se tira una moneda varias veces ¿Qué secuencia es más probable obtener, cara-cruz-cara-cruz-cruz-cara o bien cara-cara-cara-cruz-cruz-cruz? Al hacer esa pregunta la gente tendía a pensar que es la primera porque representa mejor una situación aleatoria, a pesar de que ambas son igual de probables. Sucede lo mismo en que por ejemplo un resultado del cupón de la ONCE en que todos los números que salieran fueran 4, mucha gente encontraría ese boleto menos atractivo aunque en probabilidad es igual que cualquier otro.

Otro ejemplo señalado en los estudios de Kahneman y Tversky. Se sabe que en una reunión hay abogados e ingenieros en proporciones 30%-70%. Se pregunta a una persona al azar si le gustan las matemáticas y responde que sí. ¿Con qué probabilidad es ingeniero? Podemos hacer la misma pregunta cambiando las proporciones a 70%-30%. Lo interesante es que las respuestas apenas varían cuando deberían hacerlo, y bastante.

Otro ejemplo, recogido por estos psicólogos. Cuando en un hospital el número de nacimientos de un sexo es superior al 60% del total se considera un día especial. ¿Dónde habrá más días especiales, en un hospital donde nacen unos 45 bebés al día o en uno donde nacen unos 15? La mayoría de la gente suele contestar que da igual y, entre los demás, se reparten más o menos a medias los que opinan que un hospital u otro. La respuesta correcta es que en el hospital pequeño, claro está.

Sesgo de disponibilidad. Este consiste en que tendemos a creer que es más abundante o probable aquello de lo que podemos generar ejemplos más fácilmente. Por ejemplo, en un grupo de 10 personas hay que formar un comité formado por un subgrupo de ellas. ¿Cuántas combinaciones son posibles para elegir uno de 2 personas? ¿Y uno de 8? De nuevo, las respuestas estiman en un mayor número los comités posibles de 2 personas. A nada que pensemos debe quedar claro que deben ser las mismas combinaciones. Cada comité de 2 personas define uno de 8 (los que no se eligen), pero es más fácil pensar en combinaciones de 2 que en combinaciones de 8.

¿En el idioma ingles hay más palabras que comienzan con la letra “r”, como read, o que contienen la letra “r” en tercera posición, como air? Las opiniones son siempre favorables al primer caso, cuando la realidad es que abundan más las segundas. La razón más plausible de esta discrepancia es que es mucho más fácil pensar ejemplos del primer tipo que del segundo. Un ordenador no tendría problemas en encontrar ambos, pero el mecanismo de búsqueda de nuestra mente encuentra mejor unos ejemplos que otros.

Finalmente queda el sesgo del anclaje, que viene a señalar que encontramos, aunque sea inconscientemente, información allí donde no la hay y esa información “ancla” nuestros juicios, opiniones o creencias. Ejemplo, tenemos dos grupos en salas separadas. En ambas hay una ruleta con números del 1 al 100. Se hace girar la rueda. En una sala se para en el número 10 y en la otra en el 65. Se hace la siguiente pregunta: ¿cuántos países africanos son miembros de las Naciones Unidas? (recordemos que el experimento se hizo a comienzos de los 70, sin completar todavía la descolonización). En la primera sala se estima que son 25 y en la segunda, 45. El resultado de la ruleta, totalmente irrelevante para la pregunta, ancla la respuesta.

Otro ejemplo que señalan es el siguiente. Se pregunta a un grupo que estime, en unos pocos segundos y sin calculadora, el resultado de la operación 1*2*3*4*5*6*7*8*9 y a otro grupo el resultado de la operación 9*8*7*6*5*4*3*2*1. El resultado del experimento presenta dos rasgos. El primero es que ambos grupos tienden a estimar el resultado a la baja. El segundo muestra el efecto anclaje: el primer grupo tiende a hacer una estimación mucho más baja que el segundo. La razón se puede atribuir a que uno comienza multiplicando los primeros números y luego extrapola como puede. El resultado de las primeras multiplicaciones ancla la estimación.

Vemos, por tanto, que el ser humano no es tan racional como parece que sus formas de construir la realidad (concepción mental que hacemos de nuestro entorno) cae frecuentemente en irracionalidades de forma que dificulta con ello el análisis objetivo y exacto de su entorno, vulnerando de esta forma los axiomas de la teoría de la elección racional en la economía y dando pie a la llamada economía conductual. (A este respecto señalar este documento “Prospect theory: Decision Making Under Risk”, usaba técnicas de psicología cognitiva para explicar un cierto número de anomalías documentadas en la toma de decisiones económicas racionales). El método científico como método que se basa en seguir todos los cuidados posibles para hallar conocimiento resiste muy satisfactoriamente este tipo de sesgos. No sucede lo mismo con el llamado método clínico, individualismo metodológico o praxeología que son especialmente vulnerables a estos sesgos ya que parten de axiomas o juicios considerados como ciertos a priori que se pueden ver en su desarrollo fácilmente viciado por estos prejuicios. Así pues, cuando alguien afirme que una de estos vías es el valida para entender una disciplina que pretenda ser científica en lugar del método hipotético-deductivo deben cuanto menos saltar las señales de alarma.

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