Economía: ¿ciencia o pseudociencia? Parte I

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El pasado 12 de enero la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (Fecyt) publicó su informe “Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología en 2014” basado en la séptima encuesta de percepción social de la ciencia y tecnología en España 2014. Entre las múltiples cosas que aparecieron en ese estudio figuraron que una pseudociencia como la homeopatía es una disciplina considerada más científica por parte de la sociedad que la Economía o que la Historia. Más concretamente, a los encuestados se les pidió que puntuaran del 1 al 5 el grado de “cientificidad” que le conferían a cada disciplina, siendo 1 si consideran esa disciplina nada científica y el 5 si la consideran muy científica. La puntuación promedio que obtuvo tanto Economía como Historia fue de 2,7 puntos frente al 2,9 que obtuvo la homeopatía quedando además empatadas con otra pseudociencia como es la acupuntura.

La percepción de la Economía como una pseudociencia es algo bastante frecuente y desde el ámbito del mismo escepticismo hay diversos autores que así la consideran. Por citar algún ejemplo concreto, el físico y epistemólogo argentino Mario Bunge incluye a la Economía (más concretamente a la economía neoclásica) en su obra “Las pseudociencias ¡vaya timo!”, como una pseudociencia. Libro que por otra parte recomiendo encarecidamente su lectura como el resto de obras de este autor.

La cuestión que toca abordar a continuación es si la Economía es una ciencia o una pseudociencia. Para ello previamente toca establecer una demarcación entre lo que constituye ciencia de lo que no lo es.

Ciencia y método científico

Empecemos por definir que es ciencia, si recurrimos a una de las acepciones de ciencia comúnmente más usadas tenemos que es el conocimiento racional, sistemático, exacto, verificable y falible sobre la realidad. Nos encontramos con una definición cargada de adjetivos que puede resultar un tanto ambigua a la par que confusa. El objetivo de la ciencia es obtener conocimiento acerca del mundo que nos rodea. Por tanto, toda disciplina que se considere ciencia deberá incorporar un conjunto de técnicas ordenadas siguiendo un método que permitan obtener dicho conocimiento.

Ese método existe y es común al de todas las disciplinas que se les considera ciencia, se trata del método científico. De esta forma, se puede afirmar que la ciencia es toda aquella actividad resultante de aplicar el método científico, así como al cúmulo de conocimientos obtenidos mediante su uso.

El siguiente paso es, por tanto, definir que es el método científico. De forma esquemática este método consiste en: formular hipótesis, buscar datos acerca de si se cumplen o no esas hipótesis, para finalmente verificar o rechazar la hipótesis en base a los datos y la información recabada. Sin embargo, este esquema no permite vislumbrar cuál es la filosofía que subyace en el método científico y por qué epistemológicamente es el mejor método demostrado a día de hoy para obtener conocimiento. La filosofía del método científico es la minimización del error, esto es, quien usa el método científico asume de antemano que va a obtener una conclusión errónea o no completamente verdadera de la realidad.

Es por ello que con el fin de conseguir reducir al máximo ese error el investigador de la materia pertinente asume una lista de cuidados que permita obtener las conclusiones más veraces dentro del mínimo margen de equivocación. Así pues, se puede establecer una analogía entre el científico e investigador que intenta desentrañar algún aspecto de la realidad y un detective que busca descubrir al autor de un crimen empleando todos los cuidados posibles y pruebas para desenmascararlo.

Entre esos cuidados figuran los siguientes:

• Utilizar la experimentación siempre que se pueda.

• Definir la hipótesis lo mejor posible, dejando claro que implica y que no. Si la hipótesis puede definirse empleando la lógica y las matemáticas mucho mejor.

• Búsqueda datos de manera sistemática e insesgada (no vale con quedarme solo con los datos que aparentemente refuerzan mi hipótesis también hay que incorporar los datos que parecen refutarla) para comprobar si la hipótesis modelizada es cierta o no. Ojo incluso la hipótesis más correcta y autoevidente desde un punto de vista lógico puede resultar falta al confrontarse con la realidad.

• Úsense los instrumentos adecuados y más precisos para analizar los datos y las observaciones. Conviene no inventarse demasiadas conclusiones sobre los datos sino ver las conclusiones que razonablemente se puede obtener de ellos.

• En muchas disciplinas (en especial aquellas en el que el objeto de estudio es el ser humano) es de gran utilidad la aplicación de poblaciones control y del ciego, doble ciego y hasta triple ciego. Para explicar en qué consiste miremos el caso de la medicina. El ciego es cuando al sujeto del experimento no sabe si le han dado un medicamento o bien un placebo. El doble ciego se da cuando no solo el sujeto del experimento desconoce si le han dado un medicamento o un placebo, sino también el investigador que les administra el medicamento tampoco sabe a quien le ha dado el medicamento y a quien el placebo. En el triple ciego tanto el sujeto sometido a experimentación, como el investigador que administra los medicamentos y el estadístico que interpreta los datos desconocen la información (de antemano) de a quien le han dado el medicamento y a quien el placebo.

• Una vez publicada una investigación sométase a la revisión por pares (que otros expertos en la misma materia que el investigador está analizando, manifiesten sus críticas y correcciones al trabajo presentado). Que el trabajo sea presentado en congresos y seminarios por expertos en la misma materia, también favorece a la labor científica que las investigaciones sean presentadas en revistas JCR para que evalúen de forma anónima dichos resultados. También es una muestra de buena actitud científica que el investigador informe de las observaciones y de los experimentos y que dé detalles suficientes para que terceros investigadores repliquen la investigación y comprueben si obtienen o no los mismos resultados.

• Ponderar hipótesis alternativas, ya que si un resultado contradice a otros bien asentados, probablemente es que la hipótesis principal no es del todo correcta o es completamente falsa.

Esta lista de cuidados no está ni cerrada ni completa, en contra de lo que se cree el método científico no es algo estático ni que ha permanecido invariante a lo largo del tiempo. Si alguien demuestra que hay un cuidado más que permite minimizar el error en una investigación, este tarde o temprano se añade al método científico. Por otro lado, no en todas las disciplinas es posible y/o necesario aplicar todos los cuidados. Por ejemplo, la aplicación del doble o triple ciego no tiene mucho sentido en la Física o en la Química. En las ciencias sociales a veces no es posible experimentar todo lo que se gustaría, (aunque veremos que poco a poco se van dando avances en ello), mientras que en las ciencias naturales la experimentación se da en la mayoría de los casos.

¿Es la Economía una ciencia, o no?

Una vez tratado de exponer que es la ciencia y el método científico toca comprobar si la Economía se ajusta o no a este esquema para dilucidar si es o no una ciencia. En primera instancia hay que señalar que dentro de la economía es mayoritario el número de investigadores y académicos de la disciplina que se adscribe a la idea de aplicar el método científico y emplear el mayor cuidado posible en la elaboración de los estudios. Se promueve la revisión por pares, esto es, se aceptan que otros investigadores económicos critiquen los estudios, señalen las carencias y se propongan aspectos a mejorar dentro de la investigación.

Las revistas académicas y científicas en Economía se rigen por principios similares que las de Física. En ellas, los trabajos teóricos se publican si muestran coherencia y si suponen un avance de ser ciertos. No se aceptan hasta que no estén avalados por más estudios, entre ellos los empíricos que los validen. Hay, en cada época, ideas dominantes o corrientes de pensamiento hegemónicas, pero ninguna revista está cerrada a otras ideas mientras sean prometedoras y se expresen con suficiente rigor como para poder ser confrontadas. En las mejores revistas se han publicado ideas económicas de economistas de muy distintas escuelas, porque el hecho de que un economista pertenezca o no a una determinada escuela no es impedimento de que publique en ella o no, si no del rigor aplicado en su trabajo y de la actitud que manifieste el autor a facilitar los datos que ha obtenido, a someterse a una revisión por pares y a que terceros investigadores repliquen su investigación para comprobar que las conclusiones obtenidas se corresponden a la información recabada.

Como en otras ciencias, los economistas no aceptan porque sí el estado de la disciplina, las nuevas generaciones proponen nuevos modelos, nuevos métodos, recaban más datos y, a veces, cambian la manera en la que se entendía un problema económico. Un vistazo a la evolución del pensamiento económico respecto a los ciclos económicos es un ejemplo de cómo ha ido avanzando el conocimiento en la economía. (esta parte si la quiere ver ampliada el lector está sacada de aquí y de aquí de unas entradas desarrolladas por Manuel Alejandro Hidalgo.)

Antes del crack del 29, el paradigma económico sostenía que los mercados siempre estaban en equilibrio, por lo que era imposible considerar un ciclo económico más allá de un movimiento de la producción y del empleo ajustándose óptimamente a las nuevas condiciones económicas. En este sentido, y dado que los precios y salarios se ajustan automáticamente para vaciar los mercados, el desempleo solo era posible si era voluntario. Además, el hecho de que los mercados fueran eficientes y capaces de autorregularse, permitía suponer que cualquier intromisión en ellos por parte de un Estado era -cuando menos- causa de ineficiencia. Sin embargo, ¿cómo era posible que en 1933, y después de cuatro años de depresión los mercados no se hubieran ajustado? Era evidente que más de un 20% de desempleo no era voluntario. Keynes, y su Teoría General vinieron a decir que los mercados podían permanecer durante un tiempo prolongado en situación de desequilibrio. En su modo de entender la economía, Keynes consideraba que un mercado que se vacía, es decir, cuyos precios son el producto del equilibrio entre oferta y demanda, era un caso particular de lo que podemos observar en la realidad. En consecuencia, el estado natural de los mercados era de permanente desequilibrio a la búsqueda del deseado equilibrio. Surgía la primera visión moderna de los ciclos económicos. En consecuencia, como una economía podía por ejemplo permanecer en recesión durante un tiempo más o menos amplio, se justificaba la intervención del estado para restaurarlo cuanto antes. Se argumentaba que, dada la lentitud de ajustes de los mercados, en el largo plazo los costes de un ciclo contrario serían elevados, justificando su corrección inmediata.

El mainstream (corriente de pensamiento dominante) en la economía tomó el paradigma keynesiano y condenó al ostracismo al paradigma clásico hasta la década de los 70 y de los 80. En ese momento la Macroeconomía se enfrentó al reto de explicar las causas y consecuencias de la crisis del petróleo y más importante aún, buscar la solución a ella. El paradigma keynesiano dominante hasta entonces demostró ser incapaz de poder solventar una crisis en la que se daba una situación que dentro del mismo se consideraba imposible. Una situación simultánea de altos niveles de paro e inflación.

El contrataque de los economistas clásicos, ahora refundados en la escuela neoclásica vino en primer lugar en 1973 con la Crítica de Robert Lucas quien expresó la necesidad de modificar los modelos macroeconómicos para que recogieran las expectativas de los agentes como un elemento más. Lucas argumentó que al existir tales expectativas, los agentes adelantaban las consecuencias de las políticas económicas, y en consecuencia hacía imposible de usar los tradicionales modelos macroeconómicos estructurales. Al crearse estas expectativas en el ámbito del individuo, exige que los nuevos modelos macroeconómicos se basen en fundamentos microeconómicos. En base a la Crítica de Lucas, se construyeron los modelos de ciclos reales (RBC, por sus siglas en inglés) estos modelos se basan en la existencia de expectativas racionales de los agentes. Sus acciones se basan en el análisis de cómo los agentes esperan el futuro y cómo les afectará, condicionando tanto el consumo como las horas de trabajo que los individuos ofrecen al mercado. En particular, estas expectativas son óptimas y “racionales” es decir, no se cometen errores al crearlas. Además, se supone que los precios y salarios se ajustan de un modo flexible, por lo que shocks de demanda y monetarios no generan cambios, siendo todo cambio motivado únicamente por los shocks de oferta (tecnológicos).

Los RBC han tenido una difusión extraordinaria, aportando además a la nueva macroeconomía varios elementos hoy imprescindibles: los nuevos modelos macroeconómicos tienen su base en los RBC y el análisis de política económica se fundamentan en este nuevo modo de entender la macroeconomía. Sin embargo, estos modelos tenían y tienen importantes debilidades. El hecho de que sólo los shocks tecnológicos generen ciclos económicos es una de las mayores críticas que se hizo a los modelos RBC desde el inicio, pues no hay evidencia de que tales shocks adquieran tal protagonismo. En segundo lugar, al suponer que el desempleo es consecuencia de un ajuste en las preferencias de los trabajadores y no de una caída de la demanda de empleo por parte de las empresas, se aleja de la realidad. En tercer lugar, los RBC consideran el dinero neutral y los precios y salarios perfectamente flexibles. Dado que los datos y la evidencia muestran que en el corto y medio plazo esto no es así, rápidamente surgieron nuevos modelos que integraban tanto rigidez en los precios como el dinero en el análisis de los ciclos económicos y que consideraban la posibilidad de nuevos tipos de shocks, como los de demanda.

Fruto de esas fuertes inconsistencias los modelos de la escuela neoclásica tuvieron contestación por los neokeynesianos a través los nuevos modelos keynesianos (NKM por sus siglas en inglés). Estos modelos planteaban ciertas diferencias notables respecto a los RBC. En primer lugar, se supone que los precios, y salarios entre ellos, no se ajustan automáticamente. Esta hipótesis tiene dos consecuencias. Una primera implica que va a existir una relación inversa entre cambios en los precios y en la producción. Un shock de demanda que eleve ésta sobre un nivel previo sin ajuste rápido de precios generará un aumento de la producción pero también, un aumento de la inflación. En segundo lugar, y asociado a lo anterior, los modelos NKM resuelven el problema del ajuste de precios mediante la introducción de la hipótesis de Calvo, según la cual en cada período sólo un porcentaje de empresas pueden modificar sus precios ante un cambio en las condiciones económicas. Una de las implicaciones más sorprendente de esta hipótesis es que la inflación actual va a depender tanto de la brecha respecto al producto potencial como de la inflación esperada. Surge así la llamada New Keynesian Phillips Curve (NKPC). Y en tercer lugar, la relación inversa entre brecha sobre el producto potencial e inflación es la herramienta que utilizan los bancos centrales para estabilizar la economía, siendo el modo en cómo este organismo se introduce en los NKM. Su actuación se formaliza a partir de una función de reacción del tipo de interés, Regla de Taylor, y según la cuál el tipo de interés, verdadero instrumento de política de los bancos centrales, se determina en función de la desviación de la inflación de un nivel de objetivo y de la brecha sobre el producto potencial. Las preferencias del Banco Central se introduce también en el modelo, bajo la hipótesis de que éstos desean reducir de forma conjunta tanto la variabilidad de la brecha sobre el producto potencial como de la inflación.

Durante década y media los RBC y los NKM compitieron entre sí por ver cuál de los dos tipos de modelos describían mejor los procesos que inician y determina los ciclos económicos demostrándose que los NKM  resultaron mejores que los RBC, es por ello que los primeros fueron los que más se utilizaron y se utilizan por parte de los Bancos Centrales en su evaluación de la política económica. No obstante, en los últimos tiempos se ha dado cierta confluencia entre los NKM y los RBC hacia los modelos de equilibrio general dinámico estocástico (DGSE, por sus siglas en inglés), que son ahora mismo los más utilizados por las autoridades económicas para evaluar el impacto tanto de la política monetaria como fiscal, y el crecimiento económico.

Como se puede observar, en solo este ejemplo la Economía ha ido evolucionando y sumando conocimientos de forma sistemática como una ciencia. Por poner un ejemplo clave, basta comparar la gestión que se hizo de la crisis del 29 “Gran Depresión” con la crisis económica que empezó en 2007 “Gran Recesión”. En ambos casos las crisis tenían prácticamente el mismo potencial destructivo y sin embargo hay notables diferencias en los efectos devastadores de una y otra. Por ejemplo, en la crisis del 29, siguiendo el paradigma económico del momento asentado en el conocimiento económico de entonces la tasa de paro llegó en EE.UU. hasta el 25,59% en mayo de 1933, mientras que en la crisis de 2007 interviniendo las autoridades económicas tanto en política fiscal como monetaria, consiguieron que la tasa de de paro más alta fuera del 10% en octubre de 2009, menos de la mitad. Mas datos comparativos, con la crisis de los años 30 al Dow Jones le costó 26 años para volver a los niveles previos al crack del 29 (sin contar la inflación) en la Gran Recesión el mismo índice bursátil tardó sólo dos años en recuperar los niveles previos a la quiebra de Lehman Brothers.

Ha habido avances en el entendimiento de la Economía. Se han dado pasos en la recopilación de datos, se han elaborado mejores técnicas econométricas y se cotejan unas con otras para ver cuales se muestran más efectivas, se han aprovechado los avances informáticos para realizar mejores simulaciones del comportamiento de la economía (fuera de los tiempos de crisis, en que por definición los parámetros de los modelos cambian demasiado). Se han incorporado nuevas técnicas para medir con mayor precisión las decisiones que toman los agentes en la economía, como la teoría de juegos, o la reciente  y prometedora rama de la economía del comportamiento, y en los últimos tiempos se está dando avances en la economía experimental, en donde algunas investigaciones incluso ya son publicadas no solo por revistas económicas sino por revistas científica del más alto nivel.

¿Qué queda mucho camino por andar? Desde luego. Una de las críticas más recurrentes hacia la Economía que se usa para tildarla de pseudociencia es que fracasa estrepitosamente a la hora de predecir las crisis. Si bien es cierto que cualquiera que coja el manual de economía verá que en ningún momento se señala que a partir del conocimiento que se puede obtener analizando la economía se pueda predecir tal cosa. La causa es que por lo que sabemos de la economía (al menos en lo que respecta a la economía de mercado), es casi imposible hacer un pronóstico completamente fiable de cuándo será la próxima crisis y cuál será su intensidad. Dado que la economía no deja de ser un juego de incentivos, en el hipotético caso de que se hiciera una previsión completamente certera de que dentro de dos años habrá una crisis, en el momento en que se conociera tal revelación la caída de las expectativas de consumo e inversión de familias y empresas precipitarían que la crisis empezara en ese mismo instante. Con lo que la adivinación de que la crisis iba a comenzar en dos años quedaría en entredicho. Toda una paradoja.

Pero al margen de todo eso, hay avance, hay ideas que quedan obsoletas o que se mejoran, hay un continuo interés en cotejar los modelos con la realidad, hay errores y hay un sistema de confrontación de ideas para intentar corregirlos. En definitiva, hay ciencia.

Para finalizar este post una recomendación literaria que -además de interesante para ahondar sobre el tema- es justo citar ya que ha inspirado en buena medida este texto. “Economía y pseudociencia” de José Luis Ferreira.

Nota: En esta entrada se ha tratado de argumentar las razones que avalan para considerar la Economía como ciencia. En otra posterior, se analizarán ciertos fenómenos que se están dando ahora mismo que desde luego no contribuyen a que la Economía se la considere una ciencia.

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