Economía: ¿ciencia o pseudociencia? Parte II

elrotooo

En la entrada previa se argumentó las razones por las cuales la Economía se debería considerar una ciencia. Si bien en este post no se va a contradecir la tesis anteriormente defendida sí que se van a señalar –a modo de autocrítica- ciertas prácticas que se están dando en la actualidad que desde luego no contribuyen a que la Economía sea entendida y percibida por el gran público como ciencia.

1. Elevada presencia mediática de gurús

El debate entre economistas que se presenta en los medios de comunicación con el afán de buscar la confrontación enconada de posturas, hace que con recurrencia representantes de escuelas económicas que bien pueden situarse en el ámbito de la pseudociencia (escuela marxista y escuela austriaca) incidan en que el público en general tenga una visión distorsionada de lo que es la Economía y se entienda esta como una suerte de método de disfrazar posturas ideológicas con números y ecuaciones. Cabe señalar que las aportaciones científicas tanto de la escuela marxista y la escuela austriaca -salvo honrosas excepciones- (por ejemplo John Roemer en la escuela marxista y Vernon L. Smith en la escuela austriaca), son en el mejor de los casos muy escasas.

Por otra parte, la mayor parte del consenso científico de los economistas defiende posturas intermedias a las defendidas por estas dos escuelas (las cuáles además son respaldadas con datos e investigación que así la corroboran), especialmente en lo que respecta al grado de intervención del Estado en la economía. Una buena forma de pulsar cual es el grado de acuerdo o de discrepancia de la comunidad científica de economistas sobre determinados temas se puede hacer en el Panel de Expertos Económicos del IGM.

2. Descenso del debate económico en las revistas de investigación científica

Frente a esa elevada presencia del debate pseudocientífico en los medios se añade el descenso que se está dando en el debate económico a nivel científico. Así lo deja de entrever este gráfico elaborado por datos de Jstor (una base de datos de revistas científicas de diversas disciplinas entre ellas la Economía). En el gráfico, aparece el porcentaje de investigaciones que han sido o bien replicadas, matizadas, o que habían recibido comentarios señalando alguna matización respecto a la publicación original. De esta forma, se observa que desde 1920 hasta 1968 hay un crecimiento del porcentaje de publicaciones sobre las cuales se ha generado un debate hasta llegar a un pico en 1968. En ese año, casi el 23% del total de investigaciones publicadas fueron replicadas, comentadas o rebatidas por otros economistas. A partir de esa fecha el porcentaje de investigaciones replicadas sigue una tendencia descendente hasta llegar a suponer sólo el 2% en 2013, el último año al que llega este análisis.

 

debate revistas economicas

Se tiende a pensar que a medida que una ciencia se desarrolla y adquiere un conocimiento más profundo de su objeto de estudio se da menos pie a debates al tener unos conocimientos más exactos que nadie duda. Sin embargo, esto no tiene porqué ser así. A medida que se hacen nuevos descubrimientos, se abren nuevos interrogantes que permiten abrir nuevas líneas de investigación, es por ello que el debate en ciencias mucho más exactas que las ciencias sociales sigue produciéndose frecuentemente. En la medida en que el comentario crítico es beneficioso para la investigación científica, la disminución en las publicaciones editoriales de comentarios críticos fundamentados y científicos es perjudicial para el avance del conocimiento económico.

Este descenso de los comentarios críticos y la pérdida de beneficios que susceptiblemente acarrearían al saber científico ha sido abordado por los académicos e investigadores Philip R.P. Coelho, Fredecrick de Worken-Eley III y James E. McClure, aquí. El también investigador Robert Whaples aborda aquí esta cuestión además señalando que los comentarios críticos no solo acarrean beneficios sino también costes, especialmente a las propias revistas editoriales, con la implantación en 1973 del nuevo Social Sciences Citation Index. Con este nuevo indicador, el prestigio de las revistas académicas se basan en publicar estudios científicos que posteriormente sean susceptibles de ser citados o de servir de referencia a otras publicaciones científicas, no en publicaciones científicas que susciten mayores réplicas o criticas científicas por parte de otros investigadores. Philip R.P. Coelho y James E. McClure dieron una respuesta al artículo de Whaples aquí.

3. Escasa interacción de los economistas con otras ciencias

Otro de los vicios que actualmente aquejan a la profesión y que desde luego no ayudan al desarrollo científico de la Economía, es la aparente “arrogancia” que manifiestan los economistas para con otros científicos sociales. Entre los economistas sigue siendo predominante la idea de que la Economía es la ciencia social más desarrollada y más exacta de entre las ciencias sociales. Si bien hay incipientes intentos de recurrir a otras disciplinas para enriquecer sus teorías (como por ejemplo la economía del comportamiento que se sustenta mucho en la psicología), la realidad es que los economistas estudian y citan predominantemente solo a sus colegas y apenas echan mano de estudios científicos de otras disciplinas.

Los autores del estudio “La superioridad de los economistas”, Marion Fourcade, Etienne Ollion y Yann Algan, examinaron las 25 publicaciones científicas más respetadas en Economía, Ciencias Políticas y Sociología. Encontraron que, entre 2000 y 2009, en todos los artículos publicados en The American Economic Review (AER), la más importante, el 40% de las referencias son a artículos publicados en las otras 24 principales revistas de economía. Tan solo el 0,3% de los artículos citados provienen de las revistas de sociología y el 0,8%, de las principales revistas de ciencias políticas. Es decir, que en todos los textos publicados en las 50 revistas más importantes de otras disciplinas durante toda una década, los economistas solo encontraron cerca de un 1% de artículos dignos de ser citados.

No solo eso. A la pregunta “¿Está usted de acuerdo o en desacuerdo con la afirmación de que ‘el conocimiento interdisciplinario es mejor que el conocimiento obtenido de una sola disciplina?”, la mayoría (57%) de los profesores de economía de EE UU que fueron sondeados estuvo en desacuerdo. En cambio el 75% de los profesores de sociología y el 72% de los politólogos encuestados dijeron que trabajar interdisciplinariamente era mejor.

Es evidente que cuanto más se empape una disciplina de las teorías de otras ciencias, su grado de cientificidad crece –mismamente la Economía recurra con frecuencia a las matemáticas para desentrañar y analizar su objeto de estudio- pero en la medida que la Economía estudia el comportamiento humano y es una ciencia, no se puede permitir el lujo de no aplicar en su lista de cuidados la interdisciplinariedad con otras ciencias sociales.

Estos son -a mi juicio- los principales vicios que actualmente aquejan a la Economía y que más contribuyen a que tanto desde el público en general como desde el ámbito de la investigación en numerosas ocasiones se ponga en cuestión la cientificidad de la Economía. ¿Qué hay más? Sin duda, quien quiera comentar puede añadir otros factores que incidan negativamente en la percepción de la Economía como ciencia. Toca a los economistas dejar atrás orgullos y prejuicios y trabajar para que nuestra disciplina siga creciendo en cuanto a conocimiento y en cuanto a percepción de ciencia.