Feliz día mundial del escepticismo

Sinopsis. Hoy es el día mundial del escepticismo, aprovechando esta jornada nos acercamos un poco a qué defiende esta corriente filosófica y a los principios que pregona.

Tal día como hoy, un 20 de diciembre, coincidiendo con el aniversario luctuoso de la muerte de Carl Sagan uno de los mayores divulgadores científicos y uno de los padres –junto con Paul Kurtz- de los Movimientos Escépticos Organizados se defendió la iniciativa desde la web “Proyecto Sandía” de proclamar esta jornada como el día mundial del escepticismo. El escepticismo como corriente filosófica, se basa en que toda la información que se obtenga o se de esté bien apoyada en evidencias empíricas o datos. Es decir, en una actitud inquisitiva hacia el conocimiento y en la sistémica aportación de pruebas válidas sobre cualquier afirmación que se haga.

Al calor del escepticismo, surgió el llamado humanismo escéptico o humanismo secular. Movimiento que aboga por descartar las explicaciones sobrenaturales sobre el origen del universo y de la humanidad y en la aplicación de la ciencia y la tecnología para la mejora de la condición humana. En el año 2000 se firmó un manifiesto en el cual esta corriente dejaba claro los principios éticos en que se sustentaban y que a continuación ponemos escritos literalmente.

  1. La dignidad y autonomía del individuo es el valor central. La ética humanista se compromete a maximizar la libertad de elección, libertad de pensamiento y conciencia, el libre pensamiento y la libre investigación, y el derecho de los individuos a seguir sus propios estilos de vida hasta donde sean capaces y hasta tanto que ello no dañe o perjudique a otros. Esto es especialmente relevante en las sociedades democráticas en donde pueden coexistir una multiplicidad de sistemas alternativos de valores. Por consiguiente los humanistas aprecian la diversidad.
  1. La defensa humanista de la autodeterminación no significa que los humanistas acepten como valiosas cualquier clase de conducta por el mero hecho de ser humana. Ni la tolerancia de los distintos estilos de vida implica necesariamente su aprobación. Los humanistas insisten que acompañando al compromiso con una sociedad libre está siempre la necesidad de alcanzar un nivel cualitativo de gusto y distinción. Los humanistas creen que la libertad debe ser ejercitada con responsabilidad. Reconocemos que todos los individuos viven en el seno de comunidades y que algunas acciones son destructivas y están equivocadas.
  1. Los filósofos éticos humanistas han defendido una ética de la excelencia (desde Aristóteles y Kant hasta John Stuart Mill, John Dewey, y M.N. Roy). En ellos se hacen patentes la templanza, la moderación, la continencia, el autocontrol. Entre los tópicos de la excelencia se encuentran la capacidad de elegir libremente, la creatividad, el gusto estético, la prudencia en las motivaciones, la racionalidad y una cierta obligación de llevar a su máximo cumplimiento los más altos talentos de cada cual. El humanismo intenta sacar a flote lo mejor de la gente, de manera que todo el mundo pueda tener lo mejor en la vida.
  1. El humanismo reconoce nuestras responsabilidades y deudas con los otros. Esto significa que no debemos tratar a los demás seres humanos como meros objetos para nuestra propia satisfacción; debemos considerarlos como personas dignas de igual consideración que nosotros mismos. Los humanistas sostienen que «todos y cada uno de los individuos deberían ser tratados humanamente». Aceptan la Regla de Oro según la cual «no debes tratar a los demás como no quieras que te traten a ti». También aceptan por la misma razón el antiguo mandato de que deberíamos «recibir a los extranjeros dentro de nuestras posibilidades», respetando sus diferencias con nosotros. Dada la multiplicidad actual de credos, todos somos extranjeros —aunque podamos ser amigos— en una comunidad más amplia.
  1. Los humanistas creen que las virtudes de la empatía (o buena disposición) y la corrección (o el trato cuidadoso) son esenciales para la conducta ética. Esto implica que deberíamos desarrollar un interés altruista hacia las necesidades e intereses de los demás. Las piedras fundamentales de la conducta moral son las «decencias morales comunes»; es decir, las virtudes morales generales que son ampliamente compartidas por los miembros de la especie humana pertenecientes a las más diversas culturas y religiones: Debemos decir la verdad, cumplir las promesas, ser honestos, sinceros, hacer el bien, ser fiables y confiar, dar muestras de fidelidad, aprecio y gratitud; ser bien pensados, justos y tolerantes; debemos negociar las diferencias razonablemente e intentar ser cooperativos; no debemos herir o injuriar, ni tampoco hacer daño o atemorizar a otras personas. Pese a que los humanistas han hecho llamamientos contra los códigos puritanos represivos, con el mismo énfasis han defendido la responsabilidad moral.
  1. En lo más alto de la agenda humanista figura la necesidad de proporcionar educación moral a los niños y a los jóvenes, al objeto de desarrollar el carácter y fomentar el aprecio por las decencias morales universales, así como para garantizar el progreso moral y la capacidad de razonamiento moral.
  1. Los humanistas recomiendan que usemos la razón para fundamentar nuestros juicios éticos. El punto decisivo es que el conocimiento es esencial para formular elecciones éticas. En particular, necesitamos comprometernos en un proceso de deliberación, si estamos por la tarea de solucionar los dilemas morales. Los principios y valores humanos pueden justificarse mejor a la luz de la investigación reflexiva. Cuando existan diferencias, es preciso negociarlas siempre que podamos mediante un diálogo racional.
  1. Los humanistas mantienen que deberíamos estar preparados para modificar los principios y los valores éticos a la luz de las realidades que vayan produciéndose y de las expectativas futuras. Necesitamos ciertamente apropiarnos de la mejor sabiduría moral del pasado, pero también desarrollar nuevas soluciones para los dilemas morales, sean viejos o nuevos. Por ejemplo, el debate sobre la eutanasia voluntaria se ha intensificado de manera especial en las sociedades opulentas, porque la tecnología médica nos capacita ahora para prolongar la vida de pacientes terminales que anteriormente habrían muerto. Los humanistas han argumentado a favor del «morir con dignidad» y del derecho de los adultos competentes para rechazar el tratamiento médico, reduciendo así el sufrimiento innecesario, e incluso para acelerar la muerte. También han reconocido la importancia del movimiento hospitalario para facilitar el proceso más deseable. De la misma manera, deberíamos estar preparados para elegir racionalmente entre los nuevos poderes reproductivos que la investigación científica ha hecho posibles —tales como la fertilización in vitro, la maternidad de alquiler, la ingeniería genética, el transplante de órganos y la clonación. No podemos estar mirando atrás, hacia las morales absolutas del pasado para guiarnos en estas cuestiones. Necesitamos respetar la autonomía de la elección.
  1. Los humanistas arguyen que deberíamos respetar una ética de principios. Esto significa que el fin no justifica los medios; por el contrario, nuestros fines están modelados por nuestros medios, y hay límites acerca de lo que nos está permitido hacer. Esto es especialmente importante hoy a la luz de las tiranías dictatoriales del siglo XX, en las que determinadas ideologías políticas manipularon comprometidos medios morales con fervor casi religioso para realizar fines visionarios. Somos agudamente conscientes de trágico sufrimiento infligido a millones de personas por quienes estuvieron dispuestos a permitir un gran mal en la prosecución de un supuesto bien mucho mayor.

Personalmente estoy de acuerdo con la mayoría de estos principios, en algunos en cambio tengo mis dudas. Por ejemplo, en el último en el que se niega categóricamente que el fin no justifica los medios. Ante esa disyuntiva siempre planteo la cuestión de que depende de que fin y depende de que medios. Los daños provocados por dictaduras en pro de un supuesto bien mayor son intolerables, evidentemente, pero hay circunstancias en las que el fin si que puede justificar los medios y están recogidos en el propio ordenamiento jurídico. Tal es el caso de que si matas a una persona en defensa propia para evitar que esta te mate a ti, no se te puede condenar por ellos. Ahí tenemos un ejemplo real de cómo el fin (sobrevivir) justifica un medio éticamente reprobable (matar a una persona).

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Detector de gilipolleces (falacias no formales) y ya van tres

Sinopsis. Después del detector de gilipolleces 1 y 2, proseguimos en nuestra serie de análisis de falacias no formales. En esta ocasión,  estudiaremos la falacia de la afirmación gratuita, la de la falsa analogía, el non sequitur y la pregunta capciosa.

Falacia de la afirmación gratuita

Sin lugar a dudas, la falacia no formal más frecuente que nos podemos encontrar. Aparece constantemente en los medios de comunicación sobre todo en los editoriales y artículos de opinión, pero también aparece cada dos por tres en las conversaciones cotidianas. La falacia de la afirmación gratuita es simplemente un enunciado disfrazado de argumento, esto es, afirmar cualquier cosa sin dar las razones, las pruebas o los datos en que se sustentan lo que se dice. En definitiva, el “hablar por hablar” de toda la vida.

Ejemplos:

La cultura europea es más rica que la estadounidense.

Nuestros enemigos políticos mienten siempre sobre nosotros.

Mi vecino de arriba es imbécil.

Felizmente, esta falacia tan común tiene una forma muy sencilla de neutralización, basta con preguntar a quien la haga “¿Por qué?” o “¿En qué te basas para decir eso?”o cualquier pregunta de ese estilo. Así le requieres a quien hace la afirmación gratuita que presente las razones/pruebas/datos en los que se fundamenta y una vez conocidos esos elementos ya se puede abrir el debate en caso de no estar de acuerdo.

-Mi vecino de arriba es imbécil.

-¿Por qué?

-Porque se  ha ido de casa dejando el grifo de la bañera abierto, se ha desbordado, le ha inundado el baño y me ha hecho goteras en el techo.

-La cultura europea es más rica que la estadounidense

-¿En qué te basas para decir eso?

-En que al ser una nación más joven EE.UU. que el conjunto de países europeos hay registradas menor cantidad de obras literarias, pictóricas y musicales que en Europa.

-Nuestros enemigos políticos mienten siempre sobre nosostros.

-¿En qué te basas para decir eso?

-En que siempre buscan dar una imagen peor de la que es de nosotros, por que eso les da réditos electorales.

Falacia de la falsa analogía

Esta es una de las falacias más peligrosas, en la medida en que es más difícil de detectar. El motivo es que una de las herramientas de aprendizaje más usadas por la mente humana es la asociación de ideas, justamente la base de toda analogía. Las semejanzas o analogías son excelentes herramienta para explicar conceptos. Permiten asociar ideas nuevas con el conocimiento previo, o describir algo complejo de tal manera que sea entendible a un nivel más básico. Hasta ahí todo correcto, el problema (o mejor dicho la falacia) se da cuando se trata de forzar una analogía más allá de lo razonable.

Ejemplo. “Un Estado es como una familia o un hogar, no puede estar constantemente gastando más de lo que ingresa”. Efectivamente un Estado al igual que una familia o economía doméstica tiene sus ingresos y tiene sus gastos. Si una familia gasta más de lo que ingresa se verá obligada a pedir un crédito al banco en ese momento que les financie de la misma forma que si las AA.PP. gastan más de lo que ingresan incurrirán en un déficit público el cual deberán de financiar emitiendo deuda pública. Sin embargo, un Estado (que no sea de la eurozona) cuenta con herramientas que no cuenta ningún hogar. Por ejemplo, un banco central que tiene por ley el monopolio de emisión de moneda. Es decir, si un Estado incurre repetidamente en déficits públicos y se endeuda mucho en caso de verse con el agua al cuello puede darle a la maquinita de imprimir dinero y sacar toda la cantidad necesaria para liquidar sus deudas, esto es, monetizarla (una medida así tampoco es la panacea ya que provocaría fuertes tensiones inflacionistas, pero ese es otro asunto), por no hablar de que un Estado puede tratar de subir la presión fiscal para obtener más ingresos vía impuestos ya que por ley tiene la capacidad de imposición tributaria. Así pues, salvo que estemos hablando de una familia o un hogar en que sus miembros se dediquen a la falsificación de billetes y/o que ademas tengan la capacidad coercitiva de cobrarles pagos a otras familias, la tan extendida comparación hogares y Estado por motivos de desequilibrios presupuestarios es, a todas luces, una falacia de falsa analogía.

¿Significa esto que debemos renunciar a las comparaciones como forma de tratar de entender la realidad? Ni mucho menos. Simplemente hay que usar la analogía con la que estemos solo hasta la parte en que nos permite explicar la realidad y señalando los motivos por los que ir más allá con ella induce a error. Miguel Ángel Sabadell –editor de la revista Muy Interesante- pone un ejemplo magistral de esto cuando compara la expansión del universo con un globo que se infla. (A partir del minuto 2:00)

Falacia del non sequitur

Non sequitur es una expresión del latina que significa “no se sigue”. En la lógica se usa para referirse a una conclusión que no está relacionada con las premisas usadas. Estas falacias tienen la siguiente forma: Si A, entonces B. Ocurre B. Por lo tanto, A. Si soy un hombre con el pelo moreno, soy un ser humano. Soy un ser humano. Por lo tanto, soy un hombre con el pelo moreno. Dado que la primera premisa es un condicional, que depende de A para poder llegar a B, y la segunda premisa es el consecuente del condicional de la primera premisa, o sea B, entonces no se puede concluir A de ninguna manera. Esto se entiende porque la primera premisa es un condicional, lo cual significa que el antecedente es suficiente para el consecuente, pero no al revés.

La falacia non sequitur se detecta básicamente invirtiendo el orden de las premisas y viendo que de esa forma sale una estupidez o algo que en nada tienen que ver con la afirmación original. Ejemplos.

En nuestra declaración de la renta no figura que hayamos cobrado dinero negro, luego no lo hemos cobrado. (falacia non sequitur)

(inversión de las premisas) No hemos cobrado dinero en negro, porque no figura en nuestra declaración de la renta.

Todos los niños necesitan los cuidados de sus padres, pero cuando ambos padres trabajan no pueden prestárselos. Por eso, las madres no deberían trabajar. (falacia non sequitur)

(inversión de las premisas) Las madres no deberían trabajar, porque todos los niños necesitan los cuidados de sus padres, pero cuando ambos trabajan no pueden prestárselos.

Falacia de la pregunta cargada o capciosa

La pregunta cargada o capciosa es una cuestión que encierra un presupuesto determinado y que se plantea con ánimo de comprometer al interlocutor, ya que cualquier respuesta que dé puede ser malinterpretada o considerada inconveniente.

Ejemplos: ¿Va a decir usted la verdad esta vez? Si dices que sí asumes que antes has mentido. Si dices que no asumes que ahora vas a mentir. La clave sería deshacer el presupuesto de la pregunta antes de dar una respuesta diciendo “siempre he dicho la verdad y ahora también”. ¿Ha dejado ya de golpear a su mujer? Si dices sí, señalas que antes la maltratabas. Si dices no, señalas que antes la maltratabas y ahora también. Solución: decir nunca he maltratado a mi mujer. “¿Es verdad que crees en la evolución? ¿Crees que dos monos copularon y tuvieron un hijo humano?”. En este caso se presentan dos preguntas juntas que no son equivalentes, pero se busca una respuesta de sí o no que aplique a ambas. La teoría de la evolución no dice que dos monos tuvieran sexo y de repente ya apareciera directamente el ser humano.

Anumerismo económico, el fracking solo explica una ínfima parte del crecimiento de EEUU

Sinopsis. Desde que en EE.UU. se lanzara un ambicioso plan para estimular la economía con políticas fiscales y monetarias expansivas. Muchas han sido las voces que en su día señalaron que esas medidas, en el mejor de los casos iban a ser inútiles, o cuando no, iban a agravar la situación. El tiempo ha demostrado todo lo contrario, pero desde algunas escuelas de pensamiento económico siguen buscando pretextos para no asimilar la realidad y para ellas la excusa para explicar el crecimiento de la producción y del empleo en EE.UU. es el fracking. ¿Es  cierta esa hipótesis? Vamos a contrastarlo con datos.  

Desde que EE.UU. iniciara sus programas de estímulos económicos para luchar contra la crisis, varios adláteres de determinada escuela económica de marcado cariz pseudocientífico -la escuela austriaca- han estado denunciando que las medidas emprendidas desde ese país iban a ser en el mejor de los casos inútiles o, incluso, iban a traer consecuencias desastrosas para su economía. Cuando la Reserva Federal el 25 de noviembre de 2008 inició el primero de los Quantitative Easings (QEs) y el establecimiento de los tipos oficiales en mínimos históricos, ya saltaron las primeras voces indicando que dichas medidas iban encaminadas a provocar una hiperinflación. Primer fallo, ya que los QE -como bien explican desde Sintetia– no suponían riesgo de hiperinflación ya que pese a que estas medidas afectan a la base monetaria, apenas afectan al ritmo de crecimiento de los agregados monetarios M2 y M3 y son éstos quienes determinarían si las medidas emprendidas por Bernanke podrían disparar el nivel de precios dada la ecuación cuantitativa del dinero M*V = P*Y (Masa monetaria multiplicada por la velocidad de circulación del dinero = PIB en términos nominales).

El segundo error, vino al señalar que los estímulos no habían traído las consecuencias negativas que se les presumían, pero que tampoco habían contribuido en nada ni las relajaciones cuantitativas de la Fed, ni los programas de gasto público emprendidos en EEUU mediante la American Recovery and Reinvestment Act (ARRA). Esta última, comenzó el 17 de febrero de 2009. Sin embargo, quienes se han preocupado de recabar los datos y hacer un análisis econométrico y/o modelizado pertinente (no basado en simple retórica y dialéctica inoperante condimentada ocasionalmente con algún dato suelto) demuestran que los estímulos si que han sido útiles. Tal es el caso de los economistas James Freyrer y Bruce Sacerdote; Gabriel Chodorow-Reich, Laura Feiveson, Zachary Liscow y William Gui Woolston; Daniel J. Wilson; Benjamin Page y Felix Reichling (de la Oficina del Presupuesto del Congreso de EE.UU.); The Council of Economics Advisers (el gabinete de economistas que asesora al Presidente de los EE.UU.); Mark Zandi y Alain S. BlinderHyunseung Oh y Ricardo Reis. ¿Ha habido estudios que indiquen que los estímulos fracasaron? Si, tal es el caso del análisis efectuado por Timothy Conley y Bill Dupor o este otro de John B. Taylor. No obstante, hay problemas en estos dos últimos, el de Conley y Dupor sus estimaciones no son estadísticamente significativas y en el caso de Taylor señalan un efecto positivo reducido de las políticas fiscales y monetarias, con lo que si los estímulos hubieran sido mayores con su modelo el resultado hubiera salido igualmente, que si han funcionado. Así pues, dado que la mayoría de análisis serios concluyen en que los estímulos si sirvieron en EE.UU. hay un gran consenso sobre que la proactividad del Estado y de la Fed fue útil para combatir la crisis.

Una vez visto que ni los QE han generado una inflación galopante y que los estímulos de política fiscal no han sido inútiles sino todo lo contrario, podría darse por terminado el debate. Pues no, volvieron a la carga. Esta vez como no se puede negar que la economía americana ha crecido y que la situación (pese a que sigue siendo mejorable) es más propicia que en el año 2009 que fue cuando la Gran Recesión se hizó notar a escala mundial,  ahora se argumenta que el crecimiento de la producción y del empleo se debe prácticamente en su totalidad al “fracking” y que los estímulos llevados a cabo no han servido de nada. En un artículo en The Washington Post y en este informe Richard W. Rahn, académico senior en el Cato Institute y presidente del Institute for Global Economic Growth, afirma que sin la fractura hidráulica no habría habido ningún crecimiento económico en los EE.UU. en los últimos cinco años. En resumen, en el trabajo señalan que el fracking supone un 2,5% del PIB estadounidense y su peso está creciendo rápidamente, hasta el punto de que esta técnica estableció un récord de aportación al PIB americano de 284.000 millones de dólares en 2012 y de 462.000 millones el año pasado.

El problema de estas cifras es que son del todo inverosímiles. Mirando los datos oficiales de la Oficina de Análisis Económico de EE.UU. en los que se señala el Valor Añadido que genera cada uno de los sectores de la economía (hay que recordar que la suma del Valor Añadido Bruto de todos los sectores de una economía nos da su PIB a coste de factores, si a este le restamos los impuestos a la producción y le sumamos las subvenciones a la producción nos da el PIB a precios de mercados y este desglosado por sectores nos da el Valor Añadido de cada uno, o lo que es lo mismo lo que aporta cada uno al crecimiento económico), desde finales de 2008 que es cuando se iniciaron los estímulos monetarios y fiscales se detecta la trampa. La actividad del fracking, por sí sola no aparece, pero se integra dentro del sector petróleo y extracción de gas (oil and gas extraction), en donde además de la fractura hidráulica están las actividades convencionales de extracción de crudo y gas.  Pues bien, en los últimos 6 años el PIB de EEUU a precios corrientes fue: 14.718.582 millones de dólares en 2008, 14.418.739 millones de dólares en 2009, 14.964.372 millones 2010, 15.517.926 en 2011, 16.163.158 en 2012 y 16.768.053 en 2013. Por su parte, el Valor Añadido generado por todo el sector de petróleo y extracción de gas fue de 280.516 millones de dólares en 2008, 184.601 millones de dólares en 2009, 209.323 millones en 2010, 252.490 en 2011, 260.369 durante 2012 y 291.937 en 2013. Es decir, prácticamente imposible la cifra de que el fracking aportó 462.000 millones de dólares al crecimiento del PIB en 2013 y de 284.000 millones en 2012 ya que a esa cantidad no llega ni todo el sector de petróleo y extracción de gas, del cual el fracking es sólo una parte. (Ver imagen).

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Visto esto, profundicemos en la hipótesis de que el crecimiento económico de EEUU durante los últimos cinco años es debido, mayormente, al gas no convencional. Vaya por delante que -a tenor de los datos- el peso de todo el sector de petróleo y extracción del gas (del cual el fracking es solo una parte recordemos, por lo tanto lo estamos sobre valorando) ha sido del 1,9% del PIB en 2008, 1,3% del PIB en 2009, 1,4% del PIB en 2010, 1,6% sobre el PIB en 2011 y 2012 y 1,7% del PIB en 2013. Esto es, una ponderación ínfima de este sector como para provocar un efecto arrastre que le haga generar todo el crecimiento de una economía en esos años. Así, pues la verosimilitud de esta conjetura es bastante cuestionable, no obstante, comprobémosla. Tomemos los datos del PIB de EEUU en términos reales de 2008 y comparémoslos con los últimos disponibles de 2013. En 2008 el PIB fue de 14.830.359 millones $ y en 2013 de 15.710.295 millones. Sale un crecimiento acumulado del 5,93% y en términos absolutos de 879.936 millones de dólares. Ahora tomemos los datos del Valor Añadido del sector petróleo y extracción de gas, en 2009 este fue de 140.734 millones de dólares y en 2013 alcanzó los 204.446 millones. El crecimiento de este segmento del mercado en el mismo periodo es del 45,27% (muy por encima de la media del global de la economía y es de los sectores que hace una aportación positiva al crecimiento, todo hay que decirlo) y en términos absolutos fue de 63.712 millones de dólares. Es decir, de los 879.936 millones de dólares de crecimiento generado, el sector del petróleo y extracción de gas aporta solo 63.712, únicamente un 7,24% sobre el total y dado que el fracking es solo una parte de esta industria su aportación será todavía inferior. De tal forma, que atribuir a la fractura hidráulica el crecimiento económico de los EEUU en los últimos años es descaradamente falso. (Ver imágenes).

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Finalmente, la hipótesis de que el empleo generado en EE.UU. se debe al fracking. Consultando los datos, a finales del noviembre del año 2008 (recordemos el QE y la bajada de tipos oficiales a mínimos históricos es en noviembre y diciembre de ese año y dan el pistoletazo de salida a los estímulos) en EE.UU. había un total de 144.100.000 empleados (datos desestacionalizados y corregidos a efectos de calendario) mientras que actualmente el total de empleados asciende hasta 147.283.000. Es decir, 3.183.000 más. Si nos fijamos en el mismo periodo para el empleo en el sector de petróleo y extracción del gas, este pasa de 167.100 personas a 215.600. Esto es, de los 3.183.000 puestos de trabajo creados en ese periodo sólo 48.500 se han hecho en el seno del sector en el que se encuentra integrado el fracking, tan solo un 1,5% del total. Por haber, había quienes señalaban que solo con la cantidad de empleo generado a raíz del gas convencional en Texas ya explicaba todo el aumento de empleo que ha tenido los EE.UU, conjetura aún más inverosímil ya que es solo un Estado y mirando los datos la inverosimilitud queda manifiesta. En noviembre de 2008 el total de empleados en Texas en el sector petróleo y extracción de gas era 81.900 y según los últimos datos disponibles, había subido hasta 113.700 personas, un incremento de solo 31.800 personas.

(Ampliación a 10-12-2014). Tuve hace unos días un pequeño debate vía twitter con Juan Ramón Rallo (el cual se puede ver aquí) acerca de si el impacto del fracking en la economía americana había sido ínfimo y si tenía sentido considerarlo como una de las causas claves para que la economía americana dejara atrás la crisis, tal y como reza en el título de esta entrada. Rallo, adujo al efecto multiplicador que este sector estaría provocando en otros segmentos de la economía vía abaratamiento de la energía que, a su vez, haría viables un mayor número de proyectos empresariales. Le pedí si me podía pasar un estudio sometido a revisión por pares, en alguna publicación de impacto que calculara el efecto multiplicador. Respondió pasándome este informe del McKinsey Global Institute que se puede ver aquí. Primer punto, si el McKinsey Global Institute es una publicación de impacto (es una de las consultorías con mas prestigio del mundo pero no una publicación académica), esta desde luego no está -en cuanto a rigor y prestigio académico- ni entre las 1.346 primeras y desde luego ese análisis no está sometido a revisión por pares. Por no hablar de que la argumentación se basa en un modelo econométrico Input-Output cuyo enfoque se centraba más en proyecciones desde 2013 hasta 2020 (largo me lo fías) que en el impacto del fracking para que EEUU superara la crisis. 

¿Por qué soy tan “tiquismiquis”, a la hora de pedir un estudio publicado en una revista de impacto y sometido a revisión por pares? Primero, el sector del petróleo y extracción de gas apenas supone un 1,7% de todo el PIB americano, donde el fracking solo es una parte y por tanto la ponderación del shale gas es todavía inferior. ¿Qué las repercusiones de un sector en el total de una economía van más allá de su valor añadido directo? Ahí, de acuerdo con Rallo. Pero aun así para que una actividad, cuyo peso es tan reducido, pueda tener un impacto vital en la recuperación de la producción y del empleo en EEUU, deberá tener un efecto multiplicador descomunal. Por tanto, ante una afirmación extraordinaria del tipo el fracking ha sido clave para la salida de la crisis de EEUU hay que exigir pruebas igualmente extraordinarias y rigurosas que la sustenten. Segundo, tal y como le pasé a Rallo en nuestro intercambio de tweets, está visto que muchos de los estudios que utilizan modelos econométricos Input-Output no son sometidos a revisión por pares, e inflan exageradamente las cifras del efecto arrastre que tiene la fractura hidráulica sobre los otros sectores. Con lo que mi petición de un estudio publicado en una revista de impacto y sometido a revisión por pares no era gratuito.

Otros análisis que si cumplen los requisitos que pedí sobre el impacto del fracking en el crecimiento y en el empleo son muchísimos más modestos en las repercusiones positivas que ha tenido esta actividad y desde luego no invitan a pensar que haya sido la extracción de gas no convencional una de las principales causas que hayan ayudado a los EE.UU. a salir de la crisis. Como ejemplos tenemos como este estudio de Thiemo Fetzer (donde el impacto sobre el empleo da para un total de casi 600.000 puestos de trabajo en total creados en el periodo 2004-2013), éste de Dusan Paredes Araya, Timothy Komarek y Scott Loveridge o este otro de Jason P. Brown o este otro de Peter Manilof y Ralph Mastromonaco, donde señalan que los puestos de trabajo generados por el shale gas durante la última década estaría entre 50.000 y 430.000. Finalmente, la afirmación de que la fractura hidráulica supone un nueva “revolución energética”, que ha tirado a la baja los precios de la energía, posibilitando la viabilidad de más proyectos empresariales hay que cogerla con pinzas a tenor de los datos. Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos, en los últimos años (concretamente 2012) se dio una importante bajada del precio del Gas Natural, pero ese descenso tuvo un impacto limitado en los precios finales de energía pagados, por la industria, los residentes y los comercios y ya para este año se espera una subida de estos, con lo que la revolución energética señalada no parece tanto.

Recordando la historia, un día como hoy el Estado del Bienestar empezó a gestarse

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Imagen de William Beveridge, uno de los impulsores del Estado del Bienestar.

Sinopsis. Tal día como hoy, un 26 de noviembre, fue presentado ante el Parlamento británico el Informe Beveridge. Un documento que señalaba la pertinencia de la creación de un sistema de protección social desde la cuna a la tumba, para garantizar la protección de cualquier individuo ante una posible situación de exclusión social y daba una explicación detallada de los recursos necesarios y de donde obtenerlos para que fuera posible. Esa propuesta, supuso la antesala de la creación del Estado del Bienestar tal y como está configurado en muchos países europeos la cuál en su día supuso un avance para la humanidad, y que ahora se está acelerando en su desmantelación.

Bajo la permanente amenaza de los bombardeos de la aviación nazi sobre la población civil, el 10 de junio de 1941, Arthur Greenwood, ministro laborista británico encargado de liderar el proceso de reconstrucción bélica, solicitó a Sir William Henry Beveridge el desarrollo de la labor de coordinación de la comisión interdepartamental creada a efectos de revisar los programas de protección social y orquestar una propuesta conducente a su unificación. Su carácter de reputado estudioso de los fenómenos de exclusión social y su repercusión sobre el desempleo, avalado por el desempeño de su puesto de director durante dieciocho años de la London School of Economics y el ejercicio de su labor de profesor de la Universidad de Oxford, pronto se reflejó en los resultados preliminares del trabajo de la comisión, que estaba compuesta, además de por Beveridge, por John Maynard Keynes, Lionel Robbins y George Epps.

Beveridge abogaba —sustentándose en las propuestas de intervención pública en la actividad económica y de consecución del pleno empleo recogidas en la «Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero» de Keynes— por el diseño de un programa de protección social universal desde la «cuna a la tumba», capaz de garantizar un nivel de ingreso mínimo y «honroso» para aquéllos que, de manera sobrevenida, se encontraran en situaciones de precariedad por enfermedad, desempleo, incapacidad u otras contingencias de naturaleza similar y o alcanzasen la edad de retiro. De este modo, se lograría ayudar a las personas más necesitadas y mitigar potenciales episodios de pobreza a los que se podía enfrentar el ser humano, motivados, según Beveridge, por la indigencia, la enfermedad, la ignorancia y el abandono. Con estas mimbres, el 26 de noviembre de 1942, Beveridge presentaba en el Parlamento británico el informe Social Insurance and Allied Services —también conocido como Informe Beveridge— como «una revolución que constituye un compromiso inequívoco con la justicia social».

En el documento, se proponía la aplicación de un plan de actuación sustentado en: 1) el establecimiento de un sistema de seguridad social unitario de cobertura universal, financiado a través de las contribuciones del Estado, los empleados y los empleadores; 2) la creación de un servicio nacional de salud—atención médica gratuita con cobertura universal— y de un sistema de asistencia nacional —para completar el subsidio de la seguridad social cuando éste fuera insuficiente— orientados a alcanzar el nivel de subsistencia deseado, adoptando el objetivo del pleno empleo como política de Estado; 3) la extensión de los beneficios sociales a los campos de la educación, la vivienda, la atención especializada a niños y otros servicios sociales de carácter asistencial.

A pesar de la resistencia mostrada por los grupos más conservadores y más proclives al más puro “laissez faire”, argumentando que constituía el inicio del camino hacia la «ruina moral» —Winston Churchill comparaba los planteamientos expuestos con un cuento de hadas— la propuesta fue recibida con inusitado entusiasmo por el pueblo inglés, crecientemente asediado por los efectos devastadores de la guerra. Los planteamientos propuestos pronto traspasaron fronteras, dejando su impronta en el diseño de los sistemas públicos de previsión social del resto de países europeos y en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1946, así como en la concreción de las normas mínimas de seguridad social estipuladas por la Organización Internacional del Trabajo en 1952. Mediante esta justificación y aceptación de la intervención pública en el ámbito redistributivo, por la que se modificaban ciertas reglas de funcionamiento del mercado, se asentaban las bases del Estado de Bienestar que hoy conocemos.

Hoy es un buen día para recordar el surgimiento del Estado del Bienestar no sólo por el hecho de que sea la efeméride. Si no por que el que fuera un gran avance en su época (y lo sigue siendo a día de hoy) en la actual está sufriendo un periodo de aceleración de su desmantelamiento que en España comenzó el 12 de mayo de 2010, cuando el Gobierno de Zapatero decretó en su día el mayor recorte de gasto social de la historia y el cual ha tenido su continuidad con el Ejecutivo actual de Rajoy. Todo ello en un plan de recorte del gasto público en Europa que se está traduciendo en una merma en muchos países de las prestaciones sociales. En su día, quienes propusieron la creación del Estado del Bienestar fueron tachados de utópicos. Sin embargo, con la presentación de un programa convincente, respaldado por documentos técnicos sólidos persuadieron a la población de que la ficción podría ser realidad y cuando sus ideas se quisieron implementar, ésta fue posible.

Hoy en día en Europa hay formaciones como Syriza y Podemos, que buscan sostener el Estado del Bienestar y en algunas facetas ampliarlo, cuyas propuestas económicas también son tachadas de irreales, pero a diferencia de la obra intelectual que fue el Informe Beveridge hay enormes lagunas sobre como van a obtener los recursos para poder llevarlas a cabo (el caso de la renta básica universal, que luego ha evolucionado hasta algo similar a algo intermedio entre una renta de inserción o un ingreso mínimo de subsistencia) y hay aún más interrogantes respecto al análisis coste-beneficio que traerían otras de ellas (como por ejemplo el impago de parte de la deuda pública que se considere ilegítima tras someter ésta a una auditoría ciudadana) ¿Cómo implementar ese repudio? ¿De forma unilateral? ¿En el marco de un plan conjunto de varias reestructuraciones de deuda de países europeos? ¿Qué pactos se estaría dispuesto a llegar con los acreedores para minimizar el periodo de ostracismo en los mercados de financiación que se deriva tras un ‘default’, tal y como señala la evidencia empírica?

Al margen de todo esto, también hay que señalar que la filosofía que subyace al Estado del Bienestar es la solidaridad (cuanto más lejos o menos pretendamos llevar como sociedad nuestra solidaridad mayor o menor será el Estado del Bienestar con el que queramos dotarnos y serán necesarios mayores o menores recursos para asegurar su funcionamiento) y dado que la solidaridad es un bien público, su provisión no se puede dejar al albur del libre mercado. Ya que la ley de la oferta y la demanda es extremadamente ineficiente a la hora de asignar los bienes públicos (especialmente por el problema del free-rider que dificulta enormemente la provisión de los recursos necesarios) cosa que cualquier economista cuyos juicios de valor se asienten en la evidencia empírica reconocerá (tal es el caso del para nada intervencionista James M. Buchanan, en su libro “Los límites de la libertad. Entre la Anarquía y el Leviatán” en especial en el capítulo 3 donde habla de los bienes públicos). Así, además de los argumentos éticos e ideológicos para defender la no desmantelación del Estado del Bienestar (a diferencia de los que defienden ciertas escuelas económicas con postulados ultraliberales, que son cacareados por medios de comunicación, pero cuyo rigor científico es prácticamente inexistente) podemos añadir argumentos económicos, de por qué un Estado del Bienestar fue y es un gran avance para la humanidad y para la sociedad.

FiLCHeRS, los “rateros del conocimiento”

Sinopsis. ¿Cuáles son las reglas básicas que debe cumplir un razonamiento o hipótesis para que pueda resultar válido? En los años 90 el filósofo y antropólogo James Lett desarrollo el acrónimo FiLCHeRS (rateros) como una guía básica para detectar las afirmaciones pseudocientíficas, en vista que desde los organismos públicos y desde los medios de comunicación no se invitaba precisamente a desarrollar un pensamiento crítico que protegiera a la población de creencias irracionales. Analizamos aquí la guía que propuso.

Allá por los años 90 el antropólogo y filósofo James Lett alertaba de la creciente tendencia de la población a creer en fenómenos paranormales y en disciplinas cuyos postulados y formas de obtener el conocimiento son, cuanto menos, cuestionables (pseudociencias). Lett señalaba en un artículo de las causas de por qué estaba pasando esto las cuales se resumen en: La irresponsabilidad de los medios de comunicación que explotan las creencias irracionales de la gente (los periódicos que ponen el horóscopo, o los programas de televisión donde se ponen programas de adivinación). La ineficacia de la educación pública y privada que enseña a los alumnos conocimientos pero no a desarrollar un pensamiento crítico que les permita discernir cuando se les está vendiendo argumentos veraces y cuando no. Y finalmente, la dejación de la comunidad científica que considera que su labor sólo consiste en la investigación y los descubrimientos y no en combatir las creencias falaces y las pseudociencias imperantes, quedándose así el saber científico en su torre de marfil, mientras que las creencias irracionales se promocionan viralmente entre la población.

Dejando al margen lo visionario que pudo ser James Lett hace ya más de 20 años, el antropólogo en ese artículo propuso seis reglas imprescindibles a tener en cuenta para comprobar si un razonamiento que se nos presente tiene un adecuado soporte científico. Estas seis reglas son: Falsabilidad, Lógica, Completitud, Honradez, Reproducibilidad y Suficiencia. Todas ellas en inglés forman el acrónimo  FiLCHeRS que significa ratero, ladronzuelo o mangante en clara alusión a que si alguien presenta argumentos que carezcan de alguna de estas pautas será una especie de “ratero del conocimiento”. Analicémoslas una a una.

Falsabilidad. Esta es la más paradójica de las seis reglas, ya que básicamente lo que viene a decir es que para que un argumento pueda ser cierto es imprescindible que se pueda demostrar su posible falsedad. ¿Por qué? Pues porque como señaló el filósofo Karl Popper en su obra La lógica de la investigación científica esto supone una garantía de que si la hipótesis/razonamiento/argumento es falaz, la evidencia empírica mostrará que es falso. En cambio, si el argumento es certero no habrá forma que al contrastarlo con la realidad este pueda ser refutado. De esta forma, cuando oigamos un razonamiento una de las preguntas que nos debemos hacer: ¿Podría encontrar alguna forma de comprobar si esto que me han dicho es falso? Así por ejemplo si alguien te dice el agua se congela a 0ºC, podemos fácilmente imaginar una forma de falsarlo. Cogemos un vaso de agua y un termómetro, enfriamos el vaso de agua hasta que se congele y justo en el momento en que se congele medimos su temperatura, si nos sale que esta es distinta a 0ºC entonces habremos probado la falsedad de esa hipótesis al comprobarla con la realidad. En cambio, si alguien te dice tienes esta enfermedad porque tienes tu energía espiritual desequilibrada y hasta que no la equilibres no te curarás. ¿Cómo puedes falsar eso? ¿Qué es la energía espiritual? ¿Cómo se equilibra? Ante eso, las señales de alarma de que te estés encontrando ante un FiLCHeR, empiezan a sonar.

Lógica. Esta regla se incluye ya que la lógica por sí sola no ayuda a pensar rectamente, pero si sirve para evitar pensar de forma torcida al detectar y tratar de evitar las falacias en un argumento (aquí hemos puesto algunos ejemplos de falacias lógicas en la serie detector de gilipolleces). Que un argumento tenga una estructura lógica correcta es fundamental, si no, no servirá para nada. El motivo es que si no sigue las reglas de la lógica el argumento no será válido ya que la conclusión no se seguirá de las premisas. Premisas que por otro lado deberán de ser todas verdaderas sino estaremos cayendo en un silogismo y el argumento no será sólido (“Todos los perros tienen pulgas. Este animal es un perro. Por lo tanto, este animal tiene pulgas. Puede que sea cierto o no que tenga pulgas en cualquier caso el argumento es falaz desde la lógica ya que su primera premisa –Todos los perros tienen pulgas- es falsa). ¿Una manera útil de saber si un argumento cumple las reglas de la lógica? Comprobar si puede resistir una “reducción al absurdo”. El método de reducción al absurdo consiste en partir de un argumento o enunciado, luego mostrar que conduce a una contradicción. Esto implica que el argumento o enunciado es falso. Pongamos un ejemplo. Un sacerdote del credo cristiano católico podrá aducir que las uniones de personas del mismo sexo nunca podrían llamarse matrimonio, ya que el fin del matrimonio es engendrar hijos y dos personas del mismo sexo nunca lo podrían hacer de forma natural. Pero en ese caso, las parejas de ancianos o en donde alguien es estéril tampoco deberían tener acceso al matrimonio. Si el sacerdote que se opone al matrimonio homosexual por el motivo anteriormente expuesto no se opone también a los matrimonios estériles, quiere decir que su postura es inconsistente y por lo tanto está mintiendo sobre su motivación.

Completitud. La prueba ofrecida en apoyo de una afirmación debe ser exhaustiva, esto es, todas las pruebas disponibles deben ser consideradas. La razón es bastante obvia, no es razonable sólo tener en cuenta la evidencia empírica que avala la teoría que defendamos y no tener en cuenta las pruebas que contradicen nuestros postulados. Es por este motivo, por lo que cuando un investigador realiza un descubrimiento este es sometido a una revisión por pares en la ciencia (por pares entendemos a personas que son tan duchas como el investigador en la materia en la que trabaja) para comprobar si en la elaboración de su trabajo ha hecho una selección sesgada de sus datos y pruebas y en ese caso proponerle correcciones y señalarle los fallos. Un ejemplo los defensores de la teoría del biorritmo señalan los accidentes aéreos que se dan cuando el piloto y el copiloto y los pasajeros del avión están pasando por periodos críticamente bajos en sus ciclos intelectuales, emocionales y físicos. Sin embargo, se les olvida señalar que el número de accidentes aéreos es mayor cuando se da el caso contrario, que la tripulación del avión está pasando por los puntos altos o neutrales de sus ciclos biorrítmicos.

Honestidad. Este regla se deriva de la anterior, por honestidad se entiende a que quien sostenga una hipótesis o argumento una vez haya seleccionado todas las pruebas y todos los datos relevantes para verificarla deberá asimilar el resultado sea el que sea. No vale el auto-engaño y si los datos me dicen lo contrario de lo que esperaba habrá que reconocer que la hipótesis no es cierta. Lo que no es asumible y es fraudulento es que el postulante quite los datos que no le convengan para así terminar encajando la evidencia empírica con la hipótesis. Dado que esta práctica es muy posible que suceda una vez más -tal y como sucede con la completitud- el trabajo deberá de ser sometido a una revisión por pares para comprobar como se ha desarrollado el trabajo. Un ejemplo de esto se vio en el famoso Excel de los economistas Rogoff y Reinhart. En el que sobrevaloraban los efectos que un elevado nivel de deuda pública tenia sobre el crecimiento económico. Un grupo de estudiantes de economía de la Universidad de Massachusets solicitaron sus datos para replicar el estudio y descubrieron que las conclusiones de este no eran ciertas, porque algunos ejemplos de países con elevados niveles de deuda pública en varios periodos experimentaron tasas de crecimiento bastante aceptables (el caso de Bélgica) habían sido descartados.

Reproducibilidad. Si el argumento que defendemos ha sido demostrado en un experimento. Este experimento debe ser fácilmente reproducible. Es decir, que sea relativamente sencillo repetir el experimento y comprobar que la hipótesis sale sucesivamente verificada en cada una de las repeticiones. Con esto tenemos una garantía añadida ante un posible fraude, error o un resultado experimental que dio una vez un resultado por pura coincidencia y que cuando se hace más veces ese resultado estadísticamente no es significativo. La existencia de la fuerza de la gravedad es fácilmente replicable en experimentos de laboratorio, cualquier estudiante de secundaria que haga técnicas experimentales la ha podido comprobar.

Suficiencia. La última de las seis reglas, pero no por ello la menos importante. Las pruebas ofrecidas en respaldo de una afirmación deben cumplir con tres criterios adicionales: La carga de la prueba le corresponde a quien afirma algo, esto no es baladí ya que cuando muchas veces se le pide a alguien que muestre las pruebas en las que se basa para decir algo replica tratando de eludir la carga de la prueba indicando al contrario que no tiene pruebas para demostrar que lo que dice es falso. Pero como bien se sabe -la prueba de ausencia no es ausencia de prueba- es el que afirma y no el que escucha quien debe de aportar las pruebas. Afirmaciones extraordinarias exigen pruebas extraordinarias, porque no se puede probar una abducción, por ejemplo, por haber faltado al trabajo; se necesitan pruebas más concluyentes. Las pruebas basadas en la autoridad o en el testimonio son inadecuadas para las afirmaciones que pretenden romper con leyes básicas de la ciencia como es el caso de la memoria del agua que vulnera la segunda ley de la termodinámica y en química contradice la ley de conservación de la materia. Quienes defiendan la verdad de la memoria del agua deberán aportar unas pruebas como mínimo igual de sólidas que las que sustentan a esas dos leyes. En caso contrario, nunca serán tenidas como argumentos válidos ni nunca será otra cosa que pseudociencia o falsa ciencia.

Detector de gilipolleces (falacias no formales) volumen 2

Sinopsis. Tras la primera parte del “detector de gilipolleces”, en esta entrada vamos a analizar otras de las cuatro falacias no formales (argumentos con apariencia de ser válidos, pero que no lo son al incumplir las reglas elementales de la lógica), que más asiduamente oímos en debates o en medios de comunicación. Se tratan de la falacia del wishful thinking, falacia del hombre de paja, falacia del jugador y la falacia naturalista.

Falacia del wishful thinking o del pensamiento ilusorio

El eje central de esta falacia es confundir deliberadamente los deseos con la realidad de tal manera que lo que resulta más placentero creer se da por cierto, pese a que no haya pruebas suficientes para demostrarlo.

Ejemplo: “Dios tiene que existir ya que de no existir mucha gente que ha hecho el mal toda su vida y ha muerto sin pagar sus crímenes, moriría sin que nadie le hiciera responder ante sus faltas, en una vida más allá de la muerte”.

Para demostrar la existencia de dios o de cualquier otra cosa será necesario presentar las pruebas o evidencias necesarias que corroboren su existencia. Este tipo de argumentos es como si alguien dice: “Los gremlins tienen que existir, ya que si no el mundo sería muy aburrido”. Por que a alguien -o a mucha gente- le pudiera parecer que un mundo con gremlins sería más divertido que uno sin ellos no va a hacer que broten por generación espontánea y existan. Y si realmente existen, previamente, habrá que presentar las pruebas de su existencia, como por ejemplo mostrar a algún bicho de esos en público.

Falacia del straw man u hombre de paja

La falacia del hombre de paja consiste en tomar la postura a la que te opones, modificarla de tal forma que construyes una caricatura de esta y luego atacar a la versión modificada que has creado para hacer más fácil su refutación.

Ejemplo: “Habría que estar en contra de las ideas feministas ya que tienen los mismo vicios que las ideas machistas pero favoreciendo a la mujer. Es decir, defienden la supremacía de la mujer sobre el hombre”.

El feminismo dada su versión original es un movimiento que exige para las mujeres los mismos derechos que a los hombres, sería homologable en todo caso al masculinismo (que busca la igualdad de derechos entre hombres y mujeres pero por ejemplo en ámbitos donde el sexo femenino hubiera tenido históricamente ventaja sobre el masculino, como por ejemplo en la adjudicación de la custodia de los hijos ante un divorcio), pero no al machismo. El movimiento que defiende la supremacía de la mujer sobre el hombre es el hembrismo o misandría y tratar de agarrarse a él como forma de atacar al feminismo es caer en una falacia de hombre de paja. Como todas las falacias se combaten primero señalándola y en este caso especial dejando claro que significa cada concepto de feminismo y diferenciándolo del hembrismo para desmontar el “muñeco de paja” sobre el que el oponente torticeramente quiere hacer girar el debate.

Falacia del jugador

La falacia del jugador es una trampa mental que nos puede llevar a infravalorar o sobrevalorar la probabilidad de un suceso dado que el cerebro humano es muy bueno para identificar patrones, pero es muy malo para identificar y deducir la aleatoriedad.

Ejemplo: “He lanzado esta moneda nueve veces y en todas ellas salió cara, apuesto que esta vez va a salir cruz ya que la probabilidad de que salga cara o cruz es del 50% cada una y ya toca que la serie de tiradas se vaya igualando en resultados y empiecen a salir cruces en los lanzamientos. De modo que la posibilidad de que salga cruz es más alta de que salga cara”.

Por así decirlo, el jugador que hace esta afirmación piensa instintivamente que cuando llegue a la décima tirada habiendo sacado en todas las nueves anteriores cara considera que la probabilidad de sacar cara es del 0,5 elevado a 10, es decir un 0,09765625% y la probabilidad de que pases el suceso contrario (que salga cruz), por ende, es del 99,90234375%, con lo que considera mucho más probable que salga cruz que cara. Es un razonamiento absolutamente falso ya que la probabilidad de que en esa décima tirada salga cara es del 50% y de que salga cruz es del 50% también (suponemos que la moneda no esta trucada para que una de las dos opciones tenga más probabilidad de salir que otra), ya que ese fenómeno aleatorio se basa en sucesos independientes en los que lo que ha sucedió anteriormente no afectan a las probabilidades del fenómeno que se está dando en ese momento.

Falacia naturalista

La falacia naturalista consiste en declarar una situación como la “natural” y por ende la única correcta. Lo que sea diferente será evidentemente antinatural y negativo en algún modo (lógica o moralmente por ejemplo).

Ejemplo: “No deberían estar permitidas las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo ya que dentro de la naturaleza el fin de las relaciones sexuales es la procreación y dado que entre personas del mismo sexo eso es imposible, son antinaturales”.

Desmontar este tipo de falacias es bastante sencillo. En primer lugar, parten de una asociación falsa que es que lo natural es positivo per se y lo antinatural o artificial al revés, cuando hay un montón de cosas en la naturaleza que podemos considerar aberrantes desde nuestro raciocinio (como algunas especies de insectos que para nacer lo hacen a costa de parasitar y matar a otras criaturas al más puro estilo “alien”), al igual que existen cosas artificiales positivas, (el artificio social del ser humano de dar protección a las personas con alguna malformación o discapacidad cuando en la naturaleza un animal que nace con alguna tara de este tipo suele ser abandonado o dejado atrás por la manada). La segunda arma para desmontarlas es simplemente mostrar que la evidencia señala lo contrario de lo que postulan, en el caso de la homosexualidad esos comportamientos han sido registrados en al menos 1.500 especies de animales distintas (también cambios de sexo como es el caso de los peces payaso) y hay estudios que sostienen que esos comportamientos se pueden dar en todas las especies a excepción claro está de los animales asexuales. Así pues, el argumento naturalista en vez de refutar las relaciones entre personas del mismo sexo más bien lo reforzaría.

¿Y si es el sector financiero quien realmente ha vivido por encima de sus posibilidades? Juzgue usted

Sinopsis. Uno de los mantras más repetidos para justificar políticas de recortes y reformas son que los ciudadanos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora toca abrocharse el cinturón. Pero la mayor recurrencia de las crisis económicas viene de lejos, desde los años 80, con el hipertrofiamiento del sector financiero sobre el sector real, la pregunta entonces es: ¿Es el sector financiero/bancario el que ha vivido por encima de sus posibilidades? Analizamos tres claves para tratar de esbozar un respuesta.

Uno de los mantras más repetidos  y usado a modo de coartada para justificar las políticas de recortes y reformas es la expresión que más o menos reza de la siguiente forma: “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora es preciso apretarse el cinturón para salir del atolladero, con lo que los recortes son la única vía para salir de la crisis”. Dejando al margen la validez o no de esta afirmación la evidencia empírica muestra que desde los 80 –coincidiendo con las desregulaciones hechas por Margaret Thatcher y Ronald Reagan que extendieron al sistema financiero- se ha producido un incremento de la recurrencia de crisis financieras y bancarias en el mundo. Esto lleva a plantearnos la siguiente pregunta: “¿Ha sido el sector financiero quien realmente ha vivido por encima de sus posibilidades y este hecho es el que acarrea que estemos padeciendo la crisis actual? Miremos algunas claves.

Clave 1. La ortodoxia en entredicho

Desde la vertiente más ortodoxa de la economía la postura oficial señala que cuanto más grande y desarrollado sea un sistema financiero, mayores serán sus efectos beneficiosos para la economía en tanto en cuanto genera una mayor capacidad para captar la inversión, reduce los costes de transacción en las operaciones y favorece una mejor distribución de capital y riesgos en una economía. Así pues, a medida que crezca la profundización financiera también aumentará el crecimiento económico a largo plazo. ¿Qué dice la empiria al respecto? ¿Valida o contradice esa hipótesis? Sobre esto la mayoría de los estudios concuerda que la profundización financiera óptima (medida como crédito al sector privado sobre el PIB) estaría en un nivel entre el 80% y el 100%. Es decir, hay una fuerte correlación positiva entre la profundización financiera y el crecimiento económico en países con sectores financieros pequeños y medianos. Sin embargo, en países con sectores financieros grandes, no se encuentra este vínculo. Es más, existe un umbral de profundidad financiera que (100% del PIB) que una vez que se supera, empieza a tener un efecto negativo en el crecimiento económico. Tal y como señala este trabajo desarrollado por Jean-Louis Arcand, Enrico Berkes y Ugo Panizza.

Las razones que subyacen a este efecto son dos principalmente. La primera que un sistema financiero sobredimensionado incrementa la probabilidad de colapsos financieros de gran escala y trae consigo una gran volatilidad que influye negativamente sobre el crecimiento económico, tal y como conjeturó el economista Hyman Minsky en 1974. En segundo lugar, el supuesto de que el sector financiero siempre asigna eficientemente los recursos no es cierto en todos los casos y existirían situaciones (incluso en la parte expansiva del ciclo económico) en los que el sector financiero no asignara el crédito de la forma más óptima desde el punto de vista del crecimiento económico. Una hipótesis elaborada por James Tobin y que hay varios estudios que refrendan como este elaborado en 2009 en donde se pone de manifiesto que tras estudiar 45 países entre 1994 y 2005 existe una correlación positiva entre el crédito a empresas y el crecimiento económico, pero ningún tipo de correlación entre el crédito hipotecario y el crecimiento económico. Así, en periodos de bonanza las entidades crediticias en la búsqueda de mayores rentabilidades a corto plazo tienden a otorgar más crédito para alimentar burbujas como la inmobiliaria y no tanto a otras actividades que si generan crecimiento económico futuro y por tanto una posteriormente capacidad de pago de la deuda contraída a los perceptores del crédito, (nunca hay que perder de vista que todo crédito supone una deuda a devolver a quien se le ha concedido el crédito. De modo que todo aumento del crédito supondrá automáticamente un aumento de la deuda total en esa economía).

Clave 2. Financiarización, el tamaño si importa

En esta clave vamos a centrarnos en la teoría de que un sistema financiero sobredimensionado constituye un factor de riesgo para el crecimiento económico y un caldo de cultivo idóneo para crisis económicas. A esta hipertrofia de la economía financiera respecto a la economía real y a las consecuencias negativas que de ésta se desprende, es lo que se conoce como financiarización y es precisamente este fenómeno al que más alude directamente a la pregunta de este post. Miremos algunos datos que nos atañen de cerca, como cuál es el tamaño estimado de la banca respecto al PIB. (ver imagen) en las distintas economías de la eurozona y del Área euro en su conjunto.

TamañobancaeuropeaPIB

Los datos están sacados del Informe de Estructura bancaria que elabora el Banco Central Europeo (BCE) a partir de la información que recaba esta institución. Se observa pese a que desde que comenzó la crisis hasta los últimos datos registrados que la dimensión de la banca sobre el PIB decrece en la mayoría de países (en España no) este sigue siendo varias veces superior al Producto Interior Bruto. Esta situación en si misma no es negativa pero si hay que rescatar al sistema bancario de un país el tamaño no solo importa sino que resulta determinante ya que la cuantía de la ayuda que se tenga que aportar para evitar una hipotética quiebra del sistema bancario es directamente proporcional a la dimensión de este. Y si esa asistencia financiera supera a los que las cuentas públicas y la economía de un país puede soportar el rescate se hace inevitable.

Tampoco hay que olvidar las particularidades que tiene el sector bancario y como este puede venirse abajo ante un ‘pánico financiero’. Esto es, un banco perfectamente solvente puede quebrar de la noche a la mañana con que tan sólo sus depositantes desconfíen, con razón o sin ella, de esa solvencia y decidan retirar sus depósitos. Cómo el banco tiene la mayoría de los depósitos en préstamos a plazos y sólo tiene un tanto por ciento de los depósitos en cuentas de rápida disposición, no podrá hacer frente a las retiradas y acabará, efectivamente, quebrando. El pistoletazo de salida a este pánico bancario lo puede dar la quiebra de una entidad de tamaño más o menos grande (una Bankia, por ejemplo) y provocar que a la gente le entre la desconfianza hacia otras entidades haciendo un efecto arrastre cuyas máximas consecuencias sobre esa economía serán mayores cuanto mayor sea el tamaño de su sector bancario sobre el PIB. Así pues una reducción del tamaño de la banca sobre el PIB se traduce en que si finalmente la Espada de Damocles cae, esta esté menos afilada.

Clave 3. El lado oscuro.

En esta clave hay que analizar el concepto de Shadow Banking o sistema bancario en la sombra. Por este se denomina a la intermediación de crédito que involucra entidades y actividades fuera del sistema bancario regular. Intermediar crédito a través de canales no bancarios puede tener ventajas importantes y contribuye a la financiación de la economía real; pero esos canales también pueden convertirse en una fuente de riesgo sistémico, sobre todo cuando están estructurados para realizar funciones bancarias como (por ejemplo, de madurez y de transformación de liquidez y apalancamiento). El motivo es que al no verse sometido a las directrices de un organismo regulador como el Banco Central de un país, estas entidades ejercen sus actividades, por lo general, sin tomar las cautelas que los supervisores imponen a las entidades tradicionales a la hora de ejercer su actividad. Entre estas destacan tener un colchón de capital (core capital y demás ratios TIER) en función del volumen de créditos concedidos dado que una parte de estos puede quedar impagada, o bien señalar que activos pueden ser unas garantías aceptables, por su calidad, para un banco a la hora de dar un crédito.

Así pues la existencia de un sistema bancario en la sombra se puede considerar una fuente de riesgos en ese sentido sobre todo si esas entidades están fuertemente interconectadas con el sistema bancario convencional. Según el último informe del Financial Stability Board, desde el año 2007 el tamaño de la banca en la sombra no ha sido tan grande con lo que los riesgos que acarrea han crecido. Las cifras quedan de la siguiente manera, en la eurozona el sistema bancario paralelo supone el 120% del PIB, en EE.UU y Reino Unido un 180% y un 350%, respectivamente, y en China se ha dado un fuerte incremento de éste que ya alcanza el 70% del PIB.

A tenor de todo lo dicho vemos que dada su dimensión y su dinámica es el sector financiero quien ha vivido realmente por encima de sus posibilidades y no tanto así la ciudadanía. Así que lo que dictaría el sentido común es que cuando se evocan las reformas estructurales se pusiera el más énfasis en que estas buscaran disminuir la dependencia de la financiación privada del sistema bancario y este se abriera a otras formas de obtención de financiación, en lugar, de proponer sólo reformas cuyo impacto lo sufre una ciudadanía que es llevada hasta el hastío.